Llevo más de una semana con ‘Be Not Afraid’ y todavía no sé si lo admiro o si me cansa, y sospecho que esa duda es exactamente lo que Polyphia quería provocar. Para quien llegó a la banda por los videos de guitarra que circulaban hace diez años, o por la explosión viral de ‘Playing God’, este quinto disco va a sentirse como entrar a un templo evangélico a medianoche con el sistema de sonido de un club de Miami. Hay coros góspel cortados en pedazos, predicadores sampleados, 808 que saturan hasta romperse y, en algún lugar debajo de todo eso, las guitarras de Tim Henson y Scott LePage tratando de hacerse oír. A veces lo logran de una forma deslumbrante, y otras veces quedan sepultadas bajo capas de producción que no les dejan espacio.
Conviene recordar de dónde viene esto. ‘Remember That You Will Die’, de 2022, fue el disco que sacó a la banda de Plano, Texas, del nicho de los guitarristas y la puso frente a un público mucho más amplio, en buena parte gracias a sus invitados: Chino Moreno, Steve Vai, $NOT, Sophia Black. Para este nuevo trabajo el cuarteto hizo lo contrario. No hay una sola colaboración, y Henson ha explicado que, como muchos oyentes disfrutaban sobre todo la mitad instrumental del disco anterior, esta vez querían ofrecer a la banda “en su forma más cruda”. La grabación se repartió entre Miami, Los Ángeles y Dallas a lo largo de 2024 y 2025, con RJ Pasin como coproductor y una sola consigna repetida por Henson en cada entrevista: en lugar de abarcar mucho, ir lo más profundo posible.
El problema, o la gracia, según desde dónde se escuche, es que esa “forma cruda” no suena a cuatro tipos tocando en un cuarto. Suena a un estudio de producción electrónica trabajando horas extra. Henson lo ha descrito como el equivalente en guitarra de un cantante de screamo que se destroza las cuerdas vocales, y la comparación es útil para entender el disco: la crudeza aquí no está en la ejecución, sino en el diseño sonoro, en guitarras desafinadas digitalmente hasta chillar, en graves que distorsionan a propósito y en cortes tan bruscos que parecen errores de edición. Uno puede estar de acuerdo o no con la idea, pero no se le puede acusar a la banda de timidez.
‘Let There Be Light’ abre con todo ese arsenal sobre la mesa. Las guitarras se entretejen entre golpes de 808 saturados y voces agudizadas, aparecen coros que parecen sacados de un servicio dominical y el ritmo salta del trap a algo cercano al hardcore digital sin pedir permiso. Es una presentación eficaz y bastante honesta, porque deja claro desde el primer minuto que quien busque los arpegios limpios de ‘New Levels New Devils’ va a tener que buscarlos con lupa. Lo que me inquietó desde esta primera canción es que el bajo, programado y enorme, se come buena parte de lo que hacen Henson y LePage, y esa sensación me acompañó durante casi todo el disco.
‘With Eyes To See’ es, para mí, uno de los momentos donde la fórmula funciona sin reservas. Los chugs saturados de bajo conviven con una intensidad casi de metal extremo, la voz sampleada se vuelve un gancho hipnótico y aparece una muestra de Mike Tyson que, por extraño que parezca, encaja perfectamente en el tono de amenaza del tema. El video, con imágenes de documentos censurados de los archivos de Jeffrey Epstein y escenas de destrucción, ayuda a entender de dónde viene la oscuridad del disco: Henson ha contado que el disco es la respuesta de la banda a lo perturbador que han revelado los documentos públicos de los últimos tiempos, y que la intención era hacer algo hermoso frente a esa fealdad en lugar de quedarse paralizados.

Justo después, ‘Screwtape’, cuyo título remite a las cartas del demonio que escribió C. S. Lewis, es un arranque de shred de apenas un par de minutos que sería muy disfrutable si no estuviera interrumpido por una muestra de Alex Jones gritando una de sus teorías conspirativas. Entiendo la intención, el diablo hablando con la voz de un charlatán, pero en la práctica es de los recursos que menos envejecen con las escuchas. ‘Power In The Blood’ corrige el rumbo: aquí la banda se aferra a un solo riff, lo deja respirar y construye a su alrededor capas de guitarra que se mueven de un canal al otro, con un final donde sintetizador y guitarra se funden hasta ser casi imposibles de distinguir. Es uno de los temas donde mejor se escucha la idea completa del disco.
‘They Know Not What They Do’ es probablemente la canción que mejor resume las virtudes y los defectos de ‘Be Not Afraid’. Empieza con un pasaje acústico precioso, incorpora metales y melodías casi medievales, va creciendo con una guitarra pasada por flanger y, cuando parece que va a llegar a algún lado, suelta un drop de unos veinte segundos que suena a dubstep de festival antes de regresar a lo acústico como si nada hubiera pasado. La primera vez me pareció audaz. A la cuarta escucha me pareció un capricho, y a la sexta ya me estaba adelantando para saltármelo. Después, ‘Mark Of The Beast’ gira el discurso religioso hacia lo demoníaco con un groove más oscuro y pesado, y es la única canción del disco que parece tomar abiertamente el lado de los villanos, con una mezcla de petulancia y amenaza que tiene su encanto, aunque otra vez los drops y los sermones sampleados dejan las partes de la banda casi indescifrables.
Y entonces llega ‘Can You Feel It’, que es la razón por la que este disco me importa. Fue el primer sencillo en más de cuatro años y sigue siendo la canción más lograda del álbum: los cortes de voces góspel, la batería programada con un groove de house irresistible y unas guitarras memorables que, por una vez, no compiten con la producción sino que la encabezan. Es progresivo, es metal, es música de baile, y nunca había escuchado esas tres cosas convivir de una manera tan natural. Si toda la grabación tuviera ese equilibrio entre la guitarra y la electrónica, estaría hablando de uno de los discos del año, y creo que la propia banda lo sabe, porque es la canción que eligió para presentar esta etapa.
La segunda mitad tiene sus momentos. ‘Near Death’ es la pieza más corta, un arranque de house veloz con cuerdas tan rápidas que casi caen en la parodia del power metal, y funciona como un respiro. ‘J-Bomb’ es mi favorita escondida: abre con un beat de corte phonk, como de rap de Memphis, que avanza y se detiene cambiando de tempo, y encima de eso aparece un lick de guitarra resbaloso y luego una sección más tranquila, casi jazzística, con 808 retumbando debajo. ‘Deny The Flesh’, la más larga del disco, tiene un pasaje cinematográfico de coros y tambores de guerra que me recordó a los soundtracks de videojuegos de los noventa, antes de desembocar en un riff chirriante tratado con efectos de dubstep.
Mi problema es que, para este punto, el disco empieza a parecerse demasiado a sí mismo. Los recursos que en las primeras canciones sorprendían, el sample de predicador, la guitarra transformada en chillido digital, el drop que lo aplasta todo, se repiten con tanta frecuencia que pierden su efecto, y hay ideas de textura que aparecen, prometen algo y se abandonan antes de desarrollarse. ‘Devil Get Behind Me’ abre con campanas de catedral y crece entre sintetizadores cósmicos y beats de trap hasta un final con voz robótica, y ‘Fear God’ cierra con un primer tramo melodramático que funciona muy bien antes de un clímax que, por la mezcla, suena más turbio que monumental. Son dos buenas canciones que, después de casi cuarenta minutos de la misma paleta, se me deslizaron sin dejar huella.
Lo que más me cuesta perdonar es la mezcla. Entiendo que los graves saturados y el clipping son una decisión estética deliberada, y en audífonos tiene cierto encanto agresivo, pero en muchos pasajes el resultado es una niebla de bajos donde la guitarra, que sigue siendo la razón de ser de Polyphia, queda enterrada. Henson y LePage siguen siendo dos de los guitarristas más creativos de su generación, y precisamente por eso duele escuchar sus líneas cortadas, aplastadas o transformadas hasta volverse irreconocibles. LePage contó que pasó horas buscando los tonos más salvajes que pudiera imaginar, y eso se escucha en cada canción, aunque no siempre queda claro qué aportan esos tonos a la composición más allá del impacto inmediato.
Quien quiera comprobar cómo se traduce todo esto en vivo tendrá que esperar, al menos desde este lado del continente. La gira de ‘Be Not Afraid’ anunciada hasta ahora pasa por Europa y el Reino Unido entre noviembre y diciembre de 2026, con Perturbator como invitado, y por Norteamérica del 5 de febrero al 20 de marzo de 2027, con Ladrones y RJ Pasin abriendo, una etapa que originalmente estaba prevista para el otoño y que se recorrió a principios del próximo año. No hay fechas confirmadas en México, y confieso que tengo curiosidad genuina por ver cómo sostiene la banda en un escenario estos graves saturados y estos cortes digitales, porque sospecho que muchas de estas canciones van a crecer en vivo o a desmoronarse por completo, sin mucho punto intermedio.
Al final, ‘Be Not Afraid’ me parece un disco más valiente que logrado. Tiene una visión clara, una identidad sonora que nadie más está haciendo y cuatro o cinco canciones que se van a quedar en mis listas mucho tiempo: ‘Can You Feel It’, ‘With Eyes To See’, ‘Power In The Blood’ y ‘J-Bomb’, sobre todo. También tiene una producción que en demasiados momentos confunde intensidad con volumen, samples que funcionan más como provocación que como narrativa y una segunda mitad que se repite. LePage dijo que la banda físicamente no puede hacer el mismo disco dos veces, y lo creo. Lo que me gustaría es que el siguiente le devolviera a las guitarras el lugar que aquí les arrebató la producción.









