Vivimos en tiempos de terror. Las noticias sobre la pandemia de COVID-19 inundan los medios electrónicos y no hay un momento en que las publicaciones en nuestras redes sociales no nos hablen sobre los cientos de muertos e infectados no aparezcan ante nuestros ojos. Sin duda necesitamos un descanso y el fin de semana pasado tuvimos uno de los últimos descansos mentales que tendremos en las próximas semanas.

A pesar de todo y en un remolino de cancelaciones culpa de la pandemia, se llevó a cabo la edición de décimo aniversario de Hell and Heaven, el festival de metal más importante de Latinoamérica en el Foro Pegaso de Toluca. A pesar de estar anunciadas, bandas como Megadeth, King Diamond, Cypress Hill, Fleshgod Apocalypse y varias más se vieron obligadas a bajarse del barco debido a las restricciones en vuelos y viajes impuestos en sus respectivos países a tan solo unas horas del inicio de sus vuelos.

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Fotografías por Rodrigo Cerda

Un ambiente de tensión se sentía en el ambiente, ¿qué sucedería con el festival? ¿Se pospondría? ¿Las autoridades decidirían evitar eventos masivos? ¿Se quedaría sin bandas? Sin embargo, todo eso se fue disipando en cuanto las puertas del Pegaso se abrieron. La gente, aunque en cantidad mermada a lo esperada por todo lo acontecido y por supuesto, el miedo a un contagio, empezó a llegar y ver que todo estaba bien. En los cuatro escenarios que el festival colocó para esta ocasión comenzaron a desfilar las bandas una tras otra con un público que comenzaba dudoso y apagado pero que terminó en éxtasis.

El festival no tuvo una cantidad numerosa de actividades extramusicales. No vimos las grandes activaciones de marcas reconocidas, pero en cambio vimos lo que un festival de música debe ofrecer: grandes conciertos, sobre todo el sábado que fue el día que se vio menos golpeado por la pandemia. El debut de Powerwolf fue impresionante, con la gente coreando al unísono todas sus canciones. Jinjer cerrando el festival de forma poderosa y estrenando su nuevo álbum, ‘Macro’. Los legendarios Deep Purple haciendo lo que mejor han sabido hacer por los últimos cincuenta años y además, con la participación especial de Jordan Rudess, ¡una delicia! Amon Amarth demostrando con gran magnificencia porque son uno de los actos de metal más vanagloriados del planeta, con un poder aplastante y que muchos consideran fue la mejor banda del planeta. Los hermanos Cavalera y Static X hicieron retumbar Toluca con sus grandes éxitos. ¡Que alguien se atreva a decir que no fueron grandes noches!

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Punto aparte se merece la primera vez de Manowar en México. Tal vez no hayan tenido la reacción que generaron bandas como Amon Amarth o Powerwolf en el público. Tal vez no tengan la conexión con el público de los Cavalera o Rhapsody (otra gran concierto, por cierto). Tal vez no tengan la relevancia actual de Jinjer. Pero Manowar es una banda legendaria a nivel mundial e igual de histórico fue el show que dieron en Hell and Heaven. Sí, llegan a ser tediosos después de un rato de “Victoria”, “Odin“, “Metal” y “Valhallas” (sí, sí, ya te entendimos) pero su espectáculo es genial. Una excelente producción en conjunto con una gran banda que sabe entretener, grandes músicos como Joey DeMaio y el impresionante nivel vocal de Eric Adams fueron la formula del éxito. ¡Ah, por cierto! Quedó grabado para la posteridad y será lanzado en Bluray próximamente.

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Fotografías por Rodrigo Cerda

A nivel de producción, el festival cumplió con creces. Buenas instalaciones, buenos escenarios, buenas -aunque no tan variadas- opciones de comida, los baños estuvieron bien -y además con lavabos para que te pudieras lavar las manos con agua y jabón y evitar un contagio-, la cerveza estaba fría, la seguridad fue correcta, el audio fue bueno – excepto con un par de casos como Phil Anselmo y Static X por momentos. Eso es todo lo que se necesita para tener una buena experiencia.

De seguir con este camino, el futuro de Hell and Heaven luce brillante. Sí, todavía hay cosas por pulir, la empresa promotora tiene todavía que aprender a no caer en los mismos errores del pasado, pero sin duda ha sido un buen inicio rumbo a la consolidación y sobre todo, hacia un renacimiento, con un nuevo rostro y una nueva actitud.

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Dicen que después de la tormenta, viene la calma. Y después del tremendo tormentón que sufrió el festival para poderse llevar a cabo, se merece un buen tiempo de tranquilidad. ¡Y que venga el 2021!

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