Empezando marzo del 2020 recibimos en México el regreso de Eyaculación Post Mortem (EPM), banda española miembro de la santísima trinidad del after punk de aquel país (junto con Los Carniceros del Norte y Kante Pinréliko). Una visita especial pues la agrupación ibérica esta vez vino con su alineación completa y no solo con unos cuantos integrantes como en ocasiones pasadas. El evento ya era un sold out anunciado por lo que desde el inicio y con la actuación para calentar motores de Depressive Anphetamine, Bulbo Project y My Own Burial (proyecto barcelonés del baterista de EPM,Guacho“), la respuesta era en grande. Luego, las chicas de Bloody Benders dieron una descarga de horror punk al ritmo de temas como “Riot” y “Llorona”; ya con un foro a tope que les festejó cada tema. Terminada esta presentación, todo quedaría listo en el escenario para recibir a la banda estelar y el climax de la noche estaría por comenzar.

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EPM sale poco a poco al escenario con una entrada ritual macabra y llena de herejía, y uno a uno los músicos se posicionan al ritmo de “Me cago en mi puta vida”, con Israel Pulkaos de Go Rocker cubierto por una mortaja negra cual monje del averno como invitado entonando sus cantos de odio. La blasfemia es el afrodisiaco predilecto de la noche, cantándole al creador temas como “Dios me odia y yo a él” y “Dios ha muerto”; para continuar con “Noches de blanco Satán”: uno de los temas de más reciente creación de EPM y que de hecho era la pieza a promocionar en  su visita pasada en 2017. Desde los primeros temas el slam se hace presente con todo y es por ello que canciones como “Soy un tarado mental”, “Viva la muerte” y “Gusanos” con todo y su cómica letra, se volvieron verdaderas batallas campales punk en el centro del recinto; y ni que decir de “La hoguera” donde los ánimos literal ardieron en fuego y los golpes y empujones terminaron por abrasar el foro.

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Hay que destacar el hecho de que si bien el evento se vendió en su totalidad, la organización del show a cargo de Bambam Records buscó que el aforo no se convirtiera en sobrecupo, por lo que a pesar de que el Gato Calavera lucía un lleno total no existía ese sentimiento de claustrofobia extrema que había estado presente en visitas pasadas. Es por ello que el baile continuaba con potencia al ritmo de “Quiero ser párroco” y “Transilvania”,  con el suficiente espacio para poder moverse con relativa comodidad. Es difícil imaginar el calor que deberían estar sintiendo los miembros de EPM con sus rostros ahogados en sus vendajes, siendo que el lugar encerraba un calor aplastante de tal grado que el sudor evaporado se condensaba en el techo y caía de regreso a la gente. “Cantando bajo la lluvia” y la fruti-orgásmica “Me sabe el semen a mora” fueron a continuación ejecutadas, con un audio hay que decirlo algo deficiente pero que a la gente parecía no importarle pues tenía la pasión y pulsaciones a mil: algo similar a cuando eyaculas y que ni el más grotesco de los gemidos puede distraerte del placer. “Navidades en el psiquiátrico”, “Requiem” y “Yo fui una sadoréxica adolescente” fueron las melodías tocadas a continuación para que luego con la densa y oscura “Tú vienes de negro y nosotros volvemos de gris” se terminara el setlist planeado por la banda.

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Pese a que en la hoja del set se contemplaba ese era el fin de la presentación, EPM decide dar unas gotas de semen podrido más, con un par de temas extra: “Pelacable de corazón” y “El analizador de espectros”. La gente pide más y de hecho solicita a gritos “Astroputas”, un tema que cada visita la audiencia ha pedido con clamor; y de nuevo y en como cada visita la solicitud es totalmente ignorada. Aun y con ese frustrado y repetido intento fallido, EPM se despide entre aplausos finalmente dejando en claro que tiene ya una base de fans lo suficientemente nutrida para en su próxima visita pensar en un recinto de mayor tamaño.

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