La ausencia de Brent Hinds podía haber convertido Marrow Deep en un problema imposible de resolver. Durante veinticinco años, su guitarra había sido una de las fuerzas que impedían que Mastodon terminara de acomodarse dentro de su propia música, introduciendo blues, country, psicodelia y una manera extrañamente intuitiva de colocar notas donde otros guitarristas probablemente habrían buscado algo más elegante. Su salida de la banda en marzo de 2025 ya significaba una ruptura histórica; su muerte en un accidente de motocicleta cinco meses después transformó inevitablemente cualquier música nueva de Mastodon en algo que sería escuchado a través de esa pérdida. A ello se sumaba el duelo de Brann Dailor por la muerte de su madre, Michele J. Lawrence, de modo que el noveno álbum de la banda llegó rodeado por una cantidad de dolor que podía haber terminado devorando cualquier conversación estrictamente musical sobre él.
Lo notable de Marrow Deep es que Mastodon no intenta resolver esa situación fingiendo que nada cambió ni construyendo un monumento de sesenta y tantos minutos alrededor de quienes ya no están. La muerte atraviesa el disco, como ha atravesado tantas veces la obra de una banda que convirtió pérdidas personales en parte de Crack the Skye, The Hunter, Emperor of Sand y Hushed and Grim, pero aquí existe además una preocupación más inmediata: descubrir qué clase de Mastodon puede existir cuando una de las personalidades responsables de su inestabilidad creativa ya no forma parte de la ecuación. El resultado contiene momentos de duelo explícito, aunque su cualidad más interesante está en escuchar a los músicos reorganizar una identidad que durante décadas dependió de cuatro temperamentos muy diferentes.
La primera respuesta consiste en recuperar una agresividad que llevaba tiempo apareciendo de manera más intermitente. Hushed and Grim tenía grandes canciones, pero sus casi noventa minutos permitían que la melancolía y el desarrollo atmosférico se extendieran hasta convertir parte de la experiencia en algo agotador. Marrow Deep tampoco puede considerarse un disco breve, con doce canciones y algo más de una hora de duración, pero la diferencia está en la energía con la que Mastodon ocupa ese tiempo. “Barbarians Blood” y “Poisonous Weapons” tienen una pesadez física que recuerda cuánto puede hacer esta banda cuando Bill Kelliher encuentra un riff capaz de sostener la composición antes de que aparezcan todas las demás capas, mientras Brann Dailor toca con una actividad que recupera parte de la sensación de peligro de los años en que sus fills parecían estar intentando escapar de las canciones.
Ahí aparece una de las tensiones más interesantes de Marrow Deep, porque Johnston es un guitarrista técnicamente extraordinario y su incorporación permite combinaciones que Mastodon difícilmente habría explorado de la misma manera con Hinds, pero la comparación también revela qué se perdió. Hinds podía tocar con una cualidad casi irresponsable, mezclando recursos de country, blues y metal con frases que parecían llegar desde un lugar distinto al resto de la canción. Johnston trabaja con mayor limpieza y un sentido progresivo mucho más reconocible, lo que beneficia algunos arreglos y vuelve otros menos particulares. En ciertos pasajes, especialmente cuando el disco disminuye la velocidad y deja espacio para solos más largos, la guitarra puede acercarse a un lenguaje de prog contemporáneo ejecutado impecablemente pero menos identificable que aquel extraño híbrido sureño que Hinds había convertido en una de las firmas de Mastodon.

Esa diferencia no debería entenderse como una competencia entre ambos guitarristas, porque intentar encontrar un sustituto estilístico de Hinds habría sido probablemente la decisión menos interesante disponible. Marrow Deep funciona mejor cuando acepta que la geometría de la banda ha cambiado y utiliza a Johnston y Nogueira para construir alrededor de ese vacío en vez de cubrirlo. “Your Ghost Again” concentra buena parte de esa transición: posee un riff retorcido y urgente que podría relacionarse con el Mastodon de Blood Mountain, pero alrededor de él aparecen sintetizadores, melodías vocales y una estructura que pertenece claramente a la banda adulta. La letra introduce el duelo sin convertirlo en una elegía demasiado ordenada, manteniendo esa mezcla incómoda de cariño, arrepentimiento y asuntos que la muerte dejó sin posibilidad de resolverse.
Mastodon siempre ha escrito mejor sobre la muerte cuando evita convertirla en una lección. En sus discos más logrados, el dolor suele producir mundos, personajes y movimientos musicales antes que mensajes tranquilizadores, y Marrow Deep recupera parte de esa capacidad. La relación con Hinds había terminado de manera complicada antes de su fallecimiento, lo que impide que el duelo pueda reducirse cómodamente a nostalgia. Esa ambivalencia proporciona al álbum una carga emocional mucho más interesante que la de un simple homenaje, porque detrás de la pérdida existe también culpa, cansancio, afecto, frustración y la conciencia de que algunas conversaciones ya no podrán ocurrir.
La voz de Troy Sanders resulta especialmente importante dentro de ese contexto. Su registro áspero aporta gravedad en “Poisonous Weapons” y en varios de los momentos más pesados, mientras Dailor ocupa con mayor naturalidad el terreno melódico que la banda ha ido ampliando durante años. La ausencia de la voz nasal y quebrada de Hinds cambia inevitablemente el triángulo vocal que había dado a Mastodon una identidad tan extraña, aunque la relación entre Sanders y Dailor adquiere ahora una claridad distinta. Las melodías pueden sentirse menos impredecibles, pero también existe mayor cohesión entre las voces y los arreglos, una compensación que resume bastante bien el álbum entero: el nuevo Mastodon gana control al mismo tiempo que pierde una parte de su antigua volatilidad.
La batería de Dailor probablemente sea el elemento que mejor conecta ambas épocas. Durante algunos discos recientes había aprendido a contener el impulso de llenar cada espacio, una evolución necesaria para la música que Mastodon estaba escribiendo, mientras Marrow Deep le permite recuperar una interpretación mucho más inquieta sin abandonar esa madurez. “Golden Spires” es uno de los lugares donde esa combinación resulta más evidente, con patrones y fills que vuelven a desplazar continuamente el centro rítmico sin transformar la canción en una demostración técnica. La diferencia puede parecer pequeña, pero altera considerablemente la sensación general del álbum porque Mastodon recupera movimiento incluso cuando los riffs trabajan desde tempos menos acelerados.
La abundancia de invitados podía haber convertido el disco en una celebración demasiado concurrida, aunque la mayoría aparece integrada dentro de la personalidad de las canciones. Josh Homme regresa en “Snakes for Dinner”, Neil Fallon participa en “The Three Fates”, Randy Blythe y Nate Newton aparecen en “A Vampire’s Demeanor”, mientras “The Vanishing” reúne a Geezer Butler y Joe Duplantier. El peso de esos nombres es considerable, pero las colaboraciones más efectivas son aquellas que modifican realmente la textura. Butler introduciendo “The Vanishing” tiene una lógica musical que trasciende la emoción de escuchar al bajista de Black Sabbath en un disco de Mastodon, y la posterior aparición de Duplantier proporciona una violencia vocal que empuja la composición hacia otro lugar sin romper su atmósfera.
“The Vanishing” termina funcionando como uno de los centros emocionales de Marrow Deep porque la banda permite que el duelo permanezca dentro de la música en vez de explicarlo constantemente. Su duración supera los seis minutos y el desarrollo tiene suficiente espacio para cambiar de peso y perspectiva, algo que recuerda que Mastodon puede seguir siendo progresivo sin depender de complejidad permanente. La progresión funciona porque existe una necesidad emocional detrás de los movimientos, mientras la combinación de músicos invitados amplía una canción que ya poseía estructura propia antes de que ellos aparecieran.
No todas las expansiones del álbum tienen esa misma justificación. Marrow Deep pierde algo de tensión durante su segunda mitad cuando determinadas composiciones empiezan a utilizar la amplitud como un fin en sí mismo. “They’re Coming for You” desarrolla una psicodelia de tempo medio que contiene detalles interesantes, aunque tarda demasiado en encontrar una dirección suficientemente fuerte, y “Moth and Bone” participa de una tendencia parecida. El problema reaparece con mayor claridad en “The Three Fates”, cuyos teclados más jazzísticos y el espacio concedido a los solos prolongan el cierre hasta un punto donde la sensación de viaje empieza a competir con la necesidad de concluirlo.
Es en esos pasajes donde la ausencia de Hinds adquiere una dimensión estrictamente musical. Su valor dentro de Mastodon nunca consistió únicamente en tocar solos memorables; también podía introducir una idea torcida capaz de desestabilizar una sección antes de que se volviera demasiado cómoda. Johnston y Nogueira aportan recursos nuevos y probablemente harán posible una evolución considerable en futuros discos, aunque todavía hay momentos en Marrow Deep donde la sofisticación ocupa el espacio que anteriormente habría contenido alguna decisión menos lógica. La banda suena más funcional y concentrada, pero esa estabilidad tiene un precio que el propio álbum todavía está aprendiendo a calcular.
La duración también merece cierta resistencia. Comparado con Hushed and Grim, Marrow Deep tiene una estructura mucho más manejable y una proporción mayor de canciones que justifican su espacio, aunque superar la hora sigue siendo una decisión considerable para un álbum que en algunos momentos parece estar buscando recuperar urgencia. Recortar parte de los desarrollos menos esenciales de la segunda mitad habría intensificado el efecto de “A Vampire’s Demeanor” y “The Vanishing”, además de permitir que el cierre tuviera mayor peso. Mastodon continúa siendo una banda capaz de hacer que siete minutos parezcan necesarios cuando encuentra la idea adecuada, pero esa capacidad no convierte automáticamente cada expansión en profundidad.
La producción ayuda a sostener gran parte de esa duración porque mantiene una separación poco habitual para un disco con tantas capas. El bajo de Sanders conserva cuerpo, las guitarras pueden acumularse sin convertir todo en una masa indistinguible y la batería de Dailor sigue teniendo suficiente presencia física para que los detalles rítmicos no desaparezcan debajo de teclados y efectos. La densidad pertenece a Mastodon desde hace mucho tiempo, pero aquí está administrada con mayor claridad que en algunos pasajes de Hushed and Grim, lo que permite que incluso las composiciones menos convincentes tengan elementos interesantes dentro de la mezcla.
También resulta significativo que Marrow Deep no intente convertir el regreso de la pesadez en una nostalgia de sus primeros discos. Las referencias a Leviathan o Blood Mountain son inevitables cuando aparecen riffs más violentos y Dailor recupera parte de su hiperactividad, pero la banda de 2026 no puede ni debería sonar como cuatro músicos de treinta años intentando descubrir hasta dónde podían deformar el sludge metal. La melodía ocupa ahora demasiado espacio en su identidad, Sanders y Dailor han cambiado como vocalistas y los teclados introducen posibilidades que no existían durante aquella etapa. El álbum encuentra fuerza cuando utiliza el pasado como memoria muscular en lugar de convertirlo en plantilla.
Por esa razón, Marrow Deep resulta más convincente como comienzo que como restauración. No recupera al Mastodon clásico porque ese grupo dependía de una química que dejó de existir, y tampoco presenta todavía una identidad completamente definida para la formación actual. Lo que ofrece es algo más honesto: músicos experimentados descubriendo qué partes de su lenguaje siguen perteneciendo a quienes permanecen, cuáles desaparecieron con Hinds y cuáles pueden transformarse mediante la presencia de Johnston y Nogueira.
Ese proceso explica algunas de las irregularidades sin convertirlas automáticamente en virtudes. Hay solos que podrían haber sido más breves, transiciones progresivas que parecen demasiado cómodas y momentos donde la nueva precisión instrumental reduce la sensación de peligro que históricamente hacía fascinante a Mastodon. También hay una banda tocando con una energía que llevaba tiempo sin sostener durante una porción tan amplia de un álbum, y Dailor, Sanders y Kelliher parecen menos interesados en preservar un legado que en comprobar cuánto puede cambiar sin dejar de pertenecerles.
El duelo proporciona contexto, pero sería injusto utilizarlo como protección frente a cualquier crítica. Marrow Deep merece ser evaluado como el noveno álbum de Mastodon y no solamente como el disco que consiguieron terminar después de una serie de pérdidas devastadoras. Desde esa perspectiva sigue siendo uno de sus trabajos más sólidos de la última etapa, claramente más concentrado que Hushed and Grim y con una agresividad que devuelve fricción a un sonido que había empezado a acomodarse demasiado en la melancolía progresiva. Sus mejores canciones poseen suficiente peso como para convivir dignamente con el catálogo anterior sin depender de la historia que rodeó su creación.
Tampoco lo colocaría al nivel de Leviathan, Blood Mountain o Crack the Skye. Aquellos discos capturaron a una banda descubriendo posibilidades que todavía no sabía controlar, y parte de su grandeza procede precisamente de esa sensación de que podían desmoronarse mientras avanzaban. Marrow Deep pertenece a músicos mucho más experimentados que entienden demasiado bien su oficio para reproducir aquel tipo de inocencia creativa. Lo que pueden hacer ahora es encontrar otra forma de incertidumbre, y el cambio de formación les ha impuesto una que seguramente nadie habría elegido.
La presencia de Hinds se siente precisamente porque Mastodon evita reemplazarlo con una imitación. Hay momentos donde se extraña su fraseo, otros donde la música se beneficia de una disciplina que él probablemente habría perturbado y algunos donde ambas sensaciones existen simultáneamente. Esa contradicción es mucho más interesante que cualquier intento de decidir si la banda está mejor o peor sin él, porque Marrow Deep todavía no ofrece una respuesta definitiva y tampoco parece necesitarla.
Al terminar el álbum queda la impresión de haber escuchado una transición real, con todo lo incómodo que eso implica. Mastodon ha recuperado parte de su fuerza física, Dailor vuelve a tocar con una ferocidad extraordinaria, Sanders ocupa más espacio y la incorporación de Johnston y Nogueira abre posibilidades que apenas comienzan a tomar forma. Al mismo tiempo, determinados pasajes progresivos resultan demasiado convencionales para una banda que durante años hizo de la rareza una virtud, y la segunda mitad habría ganado mucho con una edición más severa.
Dentro de esas contradicciones aparece un Mastodon distinto que todavía conserva suficiente ADN del anterior para resultar reconocible. Marrow Deep no intenta cerrar el duelo ni resolver la ausencia de Brent Hinds, y su mayor acierto consiste en permitir que esa falta permanezca dentro de la música mientras la banda empieza a construir alrededor de ella. Después de veinticinco años, semejante transformación podía haber producido una versión cautelosa de Mastodon dedicada a proteger lo que quedaba; en cambio, ha generado un disco pesado, emocionalmente complejo y lo bastante imperfecto como para sugerir que esta nueva etapa todavía tiene lugares desconocidos hacia donde avanzar.







