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In This Moment — ‘Witch’

In This Moment — 'Witch'
Release Date
agosto 28, 2026
LABEL
BETTER NOISE MUSIC
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A In This Moment le tomó varios años descubrir que podía ser mucho más interesante cuando dejaba de comportarse como una banda convencional de metal. El cambio no ocurrió únicamente porque Maria Brink comenzara a cantar de otra manera o porque las guitarras cedieran terreno a la electrónica, sino porque alrededor de la música apareció una mitología propia en la que convivían sexualidad, religión, trauma, poder, vulnerabilidad y una teatralidad que poco a poco dejó de sentirse como complemento visual. Para cuando llegaron Black Widow, Ritual y posteriormente Mother, aquella transformación había convertido a Brink en una figura difícil de separar de los altares, velos, coronas, cruces y ceremonias que rodeaban sus canciones. Que el noveno álbum termine llamándose Witch parece, desde esa perspectiva, la consecuencia natural de un personaje artístico que llevaba mucho tiempo acercándose a esa palabra.

La dificultad está en que una idea puede encajar perfectamente con una artista y, aun así, llegar demasiado tarde para resultar reveladora. Brink plantea aquí la figura de la bruja desde la transformación interior, la persecución y la posibilidad de convertir el dolor en poder, temas que tienen una relación evidente con su trayectoria, aunque también pertenecen al vocabulario emocional de In This Moment desde hace bastante tiempo. Witch parte entonces de un concepto potencialmente enorme mientras carga con la responsabilidad de encontrar algo nuevo dentro de una identidad que la banda ha explorado durante más de una década, y buena parte de la tensión del álbum procede precisamente de escucharla intentar avanzar sin abandonar las herramientas que la llevaron hasta este punto.

Durante sus mejores momentos, esa familiaridad juega a su favor. “Shame” utiliza recursos reconocibles sin apresurarse a exhibirlos y permite que Brink vaya aumentando la intensidad mientras la instrumentación construye una tensión que tarda lo suficiente en resolverse. La paciencia modifica considerablemente el efecto de las guitarras cuando finalmente ganan peso y hace que la dimensión teatral aparezca como consecuencia de lo que está ocurriendo dentro de la canción. “Crawl” consigue algo parecido desde un lugar más físico, integrando la electrónica dentro del movimiento rítmico en vez de utilizarla simplemente como una capa atmosférica. En ambos casos todavía se percibe una banda trabajando alrededor de una composición y reaccionando a ella, una cualidad que Witch pierde cuando la producción comienza a determinar demasiado claramente dónde debe aparecer cada emoción.

Ese control es uno de los aspectos que más condicionan el álbum. In This Moment lleva años persiguiendo un sonido monumental y aquí alcanza una escala que probablemente funcionará de manera formidable cuando estas canciones se integren a su espectáculo, pero la grabación rara vez permite que esa magnitud desaparezca por completo. Las baterías tienen un impacto cuidadosamente uniforme, las guitarras ocupan espacios perfectamente definidos y los sintetizadores mantienen una atmósfera oscura incluso cuando la composición podría beneficiarse de algo de vacío. Brink permanece muy cerca del frente de la mezcla y alrededor de ella se levanta una arquitectura diseñada para ampliar cada cambio de registro, de modo que la transición entre intimidad y explosión termina repitiéndose con suficiente frecuencia para que el oído empiece a reconocer el mecanismo antes de que termine la canción.

La sobreproducción no perjudica a Witch porque lo haga sonar moderno, ni tendría mucho sentido pedirle a In This Moment que regresara artificialmente a la crudeza de sus primeros años. El inconveniente aparece en la cantidad de decisiones que parecen haber sido tomadas de antemano para garantizar impacto. Una voz vulnerable suele estar acompañada por espacio y texturas; cuando aumenta la tensión aparecen más capas; cuando llega la catarsis, las guitarras, la batería y las voces crecen juntas. El recurso continúa siendo efectivo porque Brink posee la capacidad interpretativa necesaria para venderlo, pero al repetirse reduce la diferencia emocional entre canciones que sobre el papel persiguen estados distintos. Witch contiene bastante variedad de sonidos y, paradójicamente, una sensación de uniformidad que surge menos de los géneros utilizados que de la manera en que están organizados.

“Father” permite escuchar lo que ocurre cuando esa maquinaria retrocede lo suficiente. Brink conserva su dramatismo, aunque la interpretación tiene una fragilidad que no parece estar esperando constantemente el momento de convertirse en fortaleza. La canción respira alrededor de esa vulnerabilidad y consigue una intensidad que varias secciones mucho más pesadas del álbum buscan mediante volumen y densidad. El efecto también recuerda cuánto ha crecido Brink como cantante desde los primeros discos de In This Moment: su capacidad actual para sostener una canción mediante respiración, textura y pequeños cambios de intensidad hace innecesario que cada emoción termine desembocando en una gran demostración vocal.

Esa evolución individual vuelve más evidente una cuestión que Witch no termina de resolver como álbum de banda. Chris Howorth, Randy Weitzel, Travis Johnson y Kent Diimmel tienen presencia y cumplen con enorme precisión lo que las canciones requieren, pero pocas veces se siente que la instrumentación esté discutiendo con Brink, desviándola o introduciendo una tensión que ella no controle. En una formación construida históricamente alrededor de una frontwoman tan dominante, el desequilibrio resulta comprensible, aunque la producción actual lo amplifica hasta hacer que algunos arreglos funcionen más como escenario para la voz que como una conversación entre músicos. Cuando las guitarras recuperan aspereza o la sección rítmica adquiere mayor autonomía, como sucede en partes de “Crawl”, el sonido inmediatamente gana una dimensión que otros pasajes pierden bajo tanta organización.

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La secuencia intermedia acusa especialmente esa tendencia. “Into The Dark”, “Father” y “Without Me There’s No You” trabajan emociones diferentes y poseen detalles propios, pero comparten una inclinación por tempos contenidos, atmósferas densas y desarrollos que gradualmente conducen hacia un aumento de intensidad. La interpretación de Brink evita que se confundan por completo, aunque escuchar el álbum de principio a fin revela una monotonía estructural que resulta menos evidente cuando las canciones se consumen individualmente. El problema no consiste en que In This Moment haya escrito varias piezas lentas, sino en que el disco utiliza con demasiada frecuencia recursos similares para expresar vulnerabilidad, oscuridad y posterior liberación.

Las colaboraciones aportan cambios de temperatura sin solucionar completamente esa situación. Rory Rodriguez introduce en “I Want To Believe” una sensibilidad melódica que se acomoda bien a Brink, mientras “Heretic” utiliza a Kim Dracula para introducir una energía mucho más nerviosa y contemporánea. Esta última rompe oportunamente con parte de la solemnidad acumulada y seguramente tendrá una vida especialmente efectiva fuera del álbum, aunque su mezcla de metal, electrónica, rap y teatralidad también resulta tan consciente del lenguaje actual del alternative metal que por momentos parece diseñada alrededor de sus elementos antes que alrededor de una idea particularmente memorable. La personalidad de Kim Dracula aporta buena parte de la imprevisibilidad, lo que termina reforzando la impresión de que Witch encuentra algunos de sus contrastes más evidentes cuando alguien externo entra en escena.

La presencia de tres versiones dentro de once canciones plantea una cuestión más importante porque afecta directamente a la identidad del álbum. “Wrapped Around Your Finger”, “Another Brick In The Wall” y “Something I Can Never Have” pertenecen a artistas cuya influencia o sensibilidad puede integrarse sin demasiada dificultad al universo de In This Moment, y Brink posee suficiente personalidad para evitar la imitación. La reinterpretación de The Police funciona especialmente bien cuando ralentiza el original y permite que la obsesión de la letra adquiera una cualidad más siniestra, mientras la cercanía estética con Nine Inch Nails hace que “Something I Can Never Have” resulte natural para una cantante acostumbrada a trabajar en la frontera entre vulnerabilidad e industrial.

Consideradas de manera aislada, esas elecciones pueden defenderse con facilidad; dentro de Witch, ocupar casi una tercera parte del álbum cambia la discusión. Un disco presentado alrededor de transformación, identidad y apropiación del poder termina dedicando una cantidad considerable de espacio a palabras y estructuras heredadas de otros compositores, justo cuando su concepto parecía pedir una exploración más profunda de la voz propia de Brink. La contradicción se siente con mayor claridad al llegar al final, porque “Something I Can Never Have” ofrece una interpretación convincente y emocionalmente apropiada, pero también entrega la resolución de un recorrido supuestamente personal mediante una canción de Trent Reznor. La versión funciona musicalmente y al mismo tiempo deja abierta la pregunta de cuánto más interesante habría sido terminar escuchando a Brink llevar su propia idea de Witch hasta una conclusión escrita desde dentro.

“Another Brick In The Wall” expone otro límite de esta aproximación. In This Moment transforma considerablemente la superficie mediante electrónica, guitarras más gruesas y un dramatismo que pertenece inequívocamente a su lenguaje, pero debajo de ese tratamiento sigue dominando la arquitectura conceptual de Pink Floyd. La reinterpretación modifica el ambiente con mayor profundidad que el significado y termina pareciendo una buena demostración de cómo sonaría una canción conocida dentro del universo de la banda, algo entretenido por sí mismo pero menos valioso dentro de un álbum que necesitaba aprovechar cada espacio disponible para desarrollar su propia tesis.

Esa tesis es precisamente donde Witch podía haber sido mucho más ambicioso. La historia de la bruja contiene una mezcla incómoda de misoginia, persecución religiosa, control social, superstición, deseo, folklore, sexualidad, espiritualidad y violencia que ofrece material suficiente para construir algo considerablemente más complejo que una metáfora de transformación personal. Brink tiene además una trayectoria artística ideal para enfrentarse a esas contradicciones, porque gran parte de su obra ha consistido en apropiarse de símbolos tradicionalmente utilizados para juzgar, controlar o castigar a las mujeres. Sin embargo, el álbum se concentra principalmente en la idea de convertir sufrimiento en fortaleza, una lectura legítima y coherente que se parece demasiado a conversaciones que In This Moment ya había desarrollado anteriormente.

La familiaridad conceptual termina conectándose con la musical. Tanto la producción como las letras buscan con frecuencia conducir el conflicto hacia una resolución reconocible, y eso reduce parte de la incomodidad que una obra llamada Witch podría haber abrazado. Habría sido interesante escuchar canciones donde Brink no encontrara inmediatamente poder dentro del dolor, donde la contradicción permaneciera sin resolver o donde la instrumentación se permitiera acompañar esa incertidumbre mediante estructuras menos previsibles. La banda posee suficiente experiencia para abandonar durante unos minutos la seguridad del gran coro, del crescendo perfectamente colocado o de la producción que convierte cualquier grieta en espectáculo, pero pocas veces aprovecha esa libertad.

La consecuencia es un álbum profesional, reconocible y capaz de producir momentos muy buenos que rara vez genera la impresión de estar abriendo una nueva etapa. Maria Brink canta mejor de lo que lo hacía cuando In This Moment encontró su lenguaje moderno, la banda dispone de más recursos y la producción puede crear una escala que sus trabajos antiguos ni siquiera intentaban alcanzar, pero el crecimiento técnico no siempre viene acompañado por una evolución equivalente de las canciones. En ocasiones ocurre incluso lo contrario: cuanto más elaborado es el entorno, más evidente resulta que debajo hay una estructura bastante familiar.

Escuchar Witch sin imaginar inmediatamente el espectáculo en vivo ayuda a percibir esa diferencia. Pocas bandas contemporáneas han integrado lo visual a su identidad con la habilidad de In This Moment, y seguramente varias de estas canciones adquirirán otra dimensión entre luces, vestuario y escenografía. Un álbum, sin embargo, necesita conservar su tensión cuando todo eso desaparece. Aquí los momentos que mejor sobreviven son precisamente aquellos donde la música depende menos de la magnitud del universo visual: la paciencia de “Shame”, la fricción industrial de “Crawl” y la vulnerabilidad de “Father” contienen suficientes ideas para existir sin que el oyente tenga que completar mentalmente el escenario.

In This Moment no necesita abandonar la teatralidad que lo hizo reconocible ni regresar a una versión anterior de sí mismo; podría resultar mucho más interesante utilizar la seguridad adquirida durante todos estos años para permitir que esa identidad se deforme. Menos capas en determinados momentos, mayor autonomía para la instrumentación, canciones que no necesiten llegar siempre a una resolución enorme y letras dispuestas a permanecer dentro de contradicciones incómodas podrían devolverle cierta imprevisibilidad a una banda que ya sabe perfectamente cómo sonar como In This Moment.

Maria Brink atraviesa el álbum con una presencia que sigue siendo difícil de replicar, las mejores canciones encuentran maneras convincentes de actualizar recursos conocidos y el conjunto mantiene una atmósfera coherente incluso cuando la secuencia pierde dinámica. Sus limitaciones aparecen precisamente porque existe una banda mucho más interesante detrás de esa seguridad: una capaz de utilizar su imaginario para explorar lugares menos cómodos y de confiar en sus músicos lo suficiente como para que el sonido deje de estar perfectamente protegido en todo momento.

Witch confirma hasta qué punto In This Moment domina su propio lenguaje, pero también muestra el precio de conocerlo demasiado bien. El concepto ofrecía una oportunidad extraordinaria para introducir contradicción, suciedad y riesgo dentro de una identidad que durante años se ha vuelto progresivamente más controlada. El álbum encuentra destellos de esa posibilidad y alrededor de ellos construye un trabajo sólido, aunque termina permaneciendo demasiado cerca de la seguridad de su propia mitología como para convertirse en uno de los capítulos esenciales de la banda.

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In This Moment — ‘Witch’
EN RESUMEN
Witch confirma hasta qué punto In This Moment domina su propio lenguaje, pero también muestra el precio de conocerlo demasiado bien. El concepto ofrecía una oportunidad extraordinaria para introducir contradicción, suciedad y riesgo dentro de una identidad que durante años se ha vuelto progresivamente más controlada.
POSITIVO
NEGATIVO
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