Para toda una generación de seguidores de la música alternativa, Vans Warped Tour existe en algún punto entre el recuerdo y la mitología. Durante años, sus jornadas itinerantes se convirtieron en un punto de encuentro fundamental para el punk, hardcore, emo, pop punk y metalcore, mientras que buena parte del público latinoamericano tuvo que experimentar aquella cultura desde lejos, a través de discos, videos, fotografías y las historias de quienes estuvieron ahí. En 2026, esa relación cambia con la llegada del festival a México, y The Devil Wears Prada forma parte de las bandas capaces de conectar directamente aquella historia con su nueva etapa.
La relación del grupo con Warped Tour comenzó en 2008, cuando The Devil Wears Prada todavía pertenecía a una generación emergente de bandas que estaba llevando el metalcore hacia una audiencia mucho mayor. Mike Hranica y compañía regresarían posteriormente al festival mientras su propia carrera crecía, viviendo desde dentro una época que años después se convertiría en referente para una nueva generación de músicos. Casi dos décadas más tarde, el panorama es completamente distinto: las escenas se han transformado, las formas de descubrir música han cambiado y buena parte de aquel sonido ha regresado convertido en influencia para artistas demasiado jóvenes como para haber vivido su primera explosión.
Sin embargo, The Devil Wears Prada ha evitado convertirse únicamente en una representación de aquella época. A lo largo de más de veinte años, la banda ha modificado su lenguaje musical, ampliado su espectro emocional y cuestionado constantemente las expectativas asociadas a su nombre. Su etapa más reciente, marcada por Flowers, refleja una agrupación menos preocupada por demostrar hasta dónde puede llevar la agresividad y más interesada en encontrar el peso emocional correcto para cada canción.
Su participación en la primera edición mexicana de Warped Tour plantea entonces una conversación que va mucho más allá del festival. Summa Inferno habló con Mike Hranica sobre regresar a un espacio fundamental en la historia de The Devil Wears Prada, observar cómo una nueva generación redescubre el sonido con el que crecieron, convivir con la nostalgia sin quedar atrapado en ella, interpretar canciones escritas por una versión distinta de sí mismo y descubrir qué necesita una banda para seguir evolucionando después de más de dos décadas.








