Beartooth — 'Pure Ecstasy'
Beartooth — 'Pure Ecstasy'

Beartooth — ‘Pure Ecstasy’

Beartooth — 'Pure Ecstasy'
Release Date
septiembre 3, 2026
LABEL
FEARLESS RECORDS
STREAMING NOW

Durante buena parte de su existencia, Beartooth funcionó como una extensión directa de las crisis de Caleb Shomo. La ansiedad, la autodestrucción, la rabia y el desprecio hacia uno mismo no eran únicamente temas recurrentes, sino parte del mecanismo que hacía funcionar la música. Incluso cuando la banda comenzó a abandonar la crudeza casi claustrofóbica de Disgusting y amplió progresivamente su vocabulario hacia un hard rock mucho más accesible, permanecía la sensación de que Shomo necesitaba escribir aquellas canciones para sobrevivir a algo. The Surface alteró considerablemente esa relación al introducir optimismo y recuperación dentro de un lenguaje construido durante años alrededor del sufrimiento. Pure Ecstasy, su sexto álbum y primero para Fearless Records, lleva esa transformación a un lugar todavía más complicado porque ya no se limita a hablar sobre aprender a estar bien: documenta a Shomo descubriendo aspectos fundamentales de su propia identidad mientras la vida que conocía comenzaba a deshacerse.

El contexto personal resulta inseparable de las once canciones. Shomo ha explicado que la escritura del álbum formó parte del proceso que finalmente lo llevó a reconocerse públicamente como un hombre gay, mientras “Free”, compuesta junto a Jordan Fish, apareció durante un periodo en el que también terminaba su matrimonio de catorce años. Esa información modifica inevitablemente la manera de escuchar Pure Ecstasy, aunque reducir el álbum a una declaración sobre sexualidad sería ignorar el conflicto más interesante que existe dentro de él. La libertad de la que habla Shomo tiene consecuencias, contradicciones y una cantidad considerable de dolor, y la música intenta representar simultáneamente el alivio de dejar de esconderse y la destrucción que puede acompañar una transformación semejante.

Esa dualidad produce un disco mucho menos estable que The Surface. Beartooth conserva los riffs enormes, breakdowns y coros diseñados para ser cantados por miles de personas, pero alrededor de ellos aparecen pop, electrónica, ritmos cercanos al hip-hop, voces procesadas y arreglos que en determinados momentos parecen pertenecer a una banda distinta. Jordan Fish y Misha Mansoor forman parte de las colaboraciones creativas del álbum, mientras los propios integrantes de Beartooth participan de manera más amplia en un proceso que históricamente había estado dominado casi por completo por Shomo. El resultado amplía considerablemente la superficie sonora sin garantizar que todas esas posibilidades terminen formando un lenguaje igualmente convincente.

La canción titular establece bastante bien esa tensión. “Pure Ecstasy” comienza con una contención poco habitual antes de permitir que las guitarras y la voz adquieran tamaño, conservando suficiente aspereza para que la producción moderna no elimine el peso emocional. “Eyes Closed” continúa desde un lugar más inmediato y demuestra que Beartooth todavía puede construir uno de esos coros enormes sin necesidad de reproducir exactamente la fórmula de sus discos anteriores. Hay brillo en la producción, pero también suficiente movimiento debajo de las melodías para impedir que la canción se convierta simplemente en rock de estadio.

“Bullshit” aprovecha mejor la relación entre ambas caras. El riff tiene el peso que muchos seguidores asociarán inmediatamente con Beartooth, mientras el coro pertenece claramente a la versión contemporánea de una banda que ya no tiene ningún problema en acercarse al pop. Esa combinación funciona porque ninguna de las dos partes parece pedir disculpas por la otra. La pesadez no aparece como una concesión destinada a demostrar que Beartooth todavía puede sonar agresivo y la melodía tampoco necesita justificarse mediante un breakdown colocado inmediatamente después.

Beartooth — 'Pure Ecstasy'

Esa naturalidad no permanece durante todo el álbum. Pure Ecstasy quiere probar tantas posibilidades que ocasionalmente confunde libertad creativa con acumulación, y “Stadiums” concentra buena parte de ese problema. La canción introduce cambios de textura, samples, piano, elementos industriales, un desarrollo casi teatral y una instrumentación que por momentos posee una fuerza considerable, pero todas esas ideas compiten por definir una composición que nunca encuentra un centro suficientemente sólido. El experimento tiene valor precisamente porque Beartooth está intentando escapar de ciertas expectativas, aunque aceptar esa intención no obliga a considerar exitoso el resultado. Hay una diferencia entre una canción incómoda porque rompe convenciones y otra cuya estructura simplemente no consigue organizar las ideas que contiene, y “Stadiums” se acerca demasiado a la segunda posibilidad.

La irregularidad resulta especialmente interesante porque Pure Ecstasy contiene algunos de los riffs más agresivos que Beartooth ha grabado recientemente. El grupo no está abandonando el metalcore para convertirse en una banda pop, como podría sugerir una escucha superficial de determinados sencillos, sino intentando colocar ambos extremos dentro de la misma identidad. Esa decisión produce contrastes genuinamente emocionantes cuando los arreglos encuentran suficiente espacio para respirar, pero también genera canciones donde el breakdown parece pertenecer a una composición y el coro a otra.

“Free” ocupa el centro emocional del álbum y probablemente sea también la pieza que mejor explica su cambio de prioridades. Shomo escribió la canción mientras comenzaba a enfrentarse directamente a su identidad y la ha señalado como un catalizador dentro del proceso personal que acompañó la creación del disco. La importancia de ese momento se percibe claramente en su interpretación, pero la canción también muestra una de las debilidades que atraviesan Pure Ecstasy: cuando Shomo intenta expresar algo especialmente grande, sus letras tienden a volverse extremadamente literales.

La franqueza siempre ha sido una característica de Beartooth. Incluso en Disgusting, Shomo rara vez escondía sus emociones detrás de metáforas particularmente complejas, aunque la violencia del lenguaje y la suciedad de aquellas grabaciones proporcionaban una sensación de intimidad casi desagradable. En Pure Ecstasy, esa escritura directa convive con una producción mucho más grande y coros construidos alrededor de declaraciones sencillas, de manera que algunas frases adquieren una cualidad más cercana a una consigna que a una confesión. El problema no está en que Shomo escriba sobre aceptación o felicidad, sino en que una transformación personal tan compleja podría haber producido observaciones bastante más específicas sobre deseo, culpa, miedo, pérdida y reconstrucción.

Cuando esa especificidad aparece, el álbum gana profundidad. “Lose You To Find Me” encuentra una idea especialmente apropiada para todo el recorrido porque reconoce que descubrir quién eres puede implicar perder relaciones, certezas y versiones anteriores de ti mismo. La melodía es accesible y la producción se acerca sin complejos al rock alternativo de principios de siglo, pero la ligereza musical convive con una idea emocional que evita convertir la liberación en una experiencia completamente limpia.

“You” lleva esa apertura hacia un terreno diferente, jugando con una interpretación vocal más provocadora y una estructura que alterna entre sensualidad, melodía y peso. Algunas decisiones pueden resultar exageradas, pero la canción tiene una personalidad que justifica el riesgo y permite escuchar a Shomo explorando una relación distinta con su propia voz. Durante años, sus dos herramientas más reconocibles fueron el grito desgarrado y el gran coro melódico; aquí comienza a utilizar registros intermedios que pueden sonar extraños precisamente porque Beartooth nunca había dejado demasiado espacio para ellos.

La producción contribuye tanto a esa expansión como a varios de los problemas del disco. Hay una enorme cantidad de detalle y los graves conservan suficiente fuerza para que las guitarras no desaparezcan detrás de la electrónica, pero el tratamiento vocal puede volverse excesivo. Shomo posee una voz suficientemente reconocible para no necesitar tantas capas, filtros y efectos, y algunos pasajes pierden intimidad precisamente cuando las letras intentan ser más personales. La paradoja resulta evidente: Pure Ecstasy pretende ser el Beartooth más abierto de su carrera mientras en determinados momentos coloca más procesamiento que nunca entre el cantante y quien lo escucha.

El resto de la banda ayuda a evitar que esa transformación se convierta únicamente en un experimento de producción. Zach Huston, Will Deely, Oshie Bichar y Connor Denis participan en una versión de Beartooth que empieza a sentirse menos como el proyecto de estudio de Shomo acompañado por músicos y más como una formación con posibilidades creativas propias. Denis resulta particularmente importante porque sus baterías pueden moverse desde patrones directos hasta arreglos mucho más nerviosos sin perder impacto, mientras las guitarras conservan suficiente suciedad para recordar que debajo de toda la expansión estilística continúa existiendo una banda construida alrededor de riffs.

El problema aparece cuando la búsqueda de accesibilidad empieza a uniformar la segunda mitad. “Sorry” contiene ideas rítmicas interesantes y una agresividad que contrasta con su introducción, pero el coro no posee la misma personalidad. “For Me By Me” continúa el discurso de independencia con una estructura eficiente que resulta menos memorable que el significado que intenta transmitir, mientras “I Made It” lleva la lógica de superación hasta un cierre deliberadamente luminoso. El último tema tiene una función narrativa clara porque completa el recorrido desde incertidumbre y conflicto hacia aceptación, aunque musicalmente se acerca tanto al gran himno de celebración que pierde parte de la fricción que hacía interesantes los primeros dos tercios del álbum.

Esa diferencia entre importancia personal y eficacia musical atraviesa todo Pure Ecstasy. Es posible entender exactamente por qué una canción necesitaba existir para Shomo y al mismo tiempo considerar que su forma final no está entre las mejores composiciones de Beartooth. Confundir ambas cosas sería tratar la honestidad autobiográfica como una garantía automática de calidad, cuando precisamente el trabajo de convertir una experiencia privada en música consiste en encontrar una forma capaz de transmitir algo más que la explicación de lo ocurrido.

En ese sentido, el álbum resulta más fascinante por lo que intenta que por la consistencia con la que lo consigue. Beartooth podría haber aprovechado el éxito de The Surface para continuar perfeccionando una combinación bastante rentable de metalcore, hard rock y grandes coros, pero Shomo parece mucho menos interesado en proteger esa posición que en descubrir qué puede hacer ahora que una parte considerable de su identidad personal dejó de estar reprimida. Esa libertad introduce decisiones discutibles y canciones que probablemente dividirán incluso a quienes han acompañado a la banda durante años, pero también evita la sensación de estar escuchando una repetición cuidadosamente calculada.

La comparación con los primeros Beartooth resulta reveladora porque el cambio no consiste únicamente en pasar de oscuridad a felicidad. Shomo continúa escribiendo desde el conflicto, aunque ahora ese conflicto surge de aceptar una verdad y afrontar sus consecuencias en lugar de intentar sobrevivir a una mente que parecía estar destruyéndolo. La rabia sigue presente y los gritos conservan credibilidad, pero ya no funcionan exclusivamente como expresión de autodesprecio. En algunos momentos están dirigidos hacia las expectativas externas, en otros hacia relaciones rotas y en otros parecen formar parte del esfuerzo por desprenderse de una versión anterior de sí mismo.

Musicalmente, Beartooth todavía está buscando una manera de representar esa nueva complejidad. El metalcore ofrece una gramática perfecta para la rabia y la catarsis, mientras el pop proporciona una vía inmediata hacia la celebración, pero Pure Ecstasy necesita convivir con emociones que no pertenecen completamente a ninguno de esos extremos. Sus mejores canciones aparecen cuando permiten que ambos lenguajes se contaminen entre sí, mientras las menos convincentes parecen cambiar de uno a otro mediante decisiones de producción que todavía no terminan de sentirse orgánicas.

Por eso sería un error pedir que el siguiente disco regresara simplemente a la pesadez. Los momentos débiles de Pure Ecstasy no existen porque Beartooth se haya vuelto demasiado pop, sino porque la banda todavía está aprendiendo a integrar una paleta mucho más amplia sin perder cohesión. “Stadiums” podría haber sido igualmente problemática con guitarras tres veces más pesadas, mientras “Lose You To Find Me” demuestra que una canción abiertamente accesible puede funcionar cuando la melodía, la letra y el arreglo avanzan hacia la misma dirección.

La evolución de Shomo como cantante también hace difícil imaginar un regreso completo. Su voz limpia tiene actualmente una confianza que permite sostener canciones enteras y sus gritos continúan siendo suficientemente abrasivos para generar contraste, mientras los nuevos registros que aparecen en Pure Ecstasy sugieren que apenas está empezando a descubrir qué hacer con esa libertad. La siguiente etapa debería consistir menos en añadir recursos y más en decidir cuáles realmente necesita.

A lo largo de sus 38 minutos y once canciones, Pure Ecstasy documenta esa búsqueda sin intentar esconder las costuras. Hay momentos donde Beartooth parece haber encontrado una versión mucho más amplia de sí mismo y otros donde la experimentación suena como una colección de ideas todavía esperando una sintaxis común. Esa irregularidad impide que el disco alcance la consistencia de los mejores trabajos de la banda, pero también lo convierte en una obra bastante más interesante que otra iteración segura de una fórmula ya dominada.

Beartooth — 'Pure Ecstasy'
Beartooth — ‘Pure Ecstasy’
EN RESUMEN
Pure Ecstasy captura a Beartooth en plena reconstrucción y acepta la posibilidad de equivocarse mientras intenta encontrar una música adecuada para una versión distinta de Caleb Shomo. Esa voluntad produce un álbum irregular, con experimentos que todavía necesitan integrarse mejor y letras que no siempre alcanzan la complejidad de las experiencias que describen, pero también abre posibilidades creativas que una continuación más conservadora de The Surface difícilmente habría ofrecido. La importancia personal del disco no convierte automáticamente cada canción en un acierto, aunque la decisión de exponer sus contradicciones hace que incluso sus imperfecciones formen parte de una transición artística que merece desarrollarse.
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