Deshojando el trébol con Flogging Molly por primera vez.

Deshojando el trébol con Flogging Molly por primera vez.

Al puro estilo irlandés, se vivió una enorme fiesta en el debut en México de la banda estadounidense—pero de raíces del país del trébol— Flogging Molly. Y no era para menos, ya que la expectativa por ver a uno de los representantes más conocidos del celtic punk finalmente era enorme, por lo que el Lunario del Auditorio Nacional lució una gran entrada de fans deseosos de vivir esta gran experiencia por primera vez.

A las ocho en punto presenciamos primero el acto de José Meyer y los Bravos de Occidente. Una propuesta de pop-rock con ocho integrantes armados hasta con violines y trompetas que parecía un poco fuera de contexto por el tipo de banda estelar. No obstante a ello, la gente los recibió con agrado y aplausos de principio a fin, e incluso se podía escuchar preguntas interesadas en saber quienes eran. Los tapatíos se dijeron muy honrados con tocar por primera vez en este recinto y tras unos cuantos temas se fueron entre palmas para dar paso al acto principal.

El enorme trébol impreso en la manta trasera del escenario se ilumina con luces que recrean primero los colores de la bandera de Irlanda, para luego quitar el naranja e introducir el rojo para honrar a la de nuestro país. Flogging Molly sale al escenario al ritmo de la grabación de “There’s Nothing Left Pt. 1”, intro que abre su más reciente placa “Life Is Good”, para de inmediato dinamitar la tarima con “(No More) Paddy’s Lament” y seguir deleitando a su gente con la historia de un famoso boxeador irlandés retratada en el tema “The Hand of John L. Sullivan”

Si bien es cierto el ánimo y la euforia ya estaban presentes desde el inicio, no es sino hasta “Drunken Lullabies” que el slam y los brincos se desatan; y como si estuviésemos en una batalla campal desatada en algún pub irlandés los brincos y golpes se esparcen por toda la pista en una verdadera fiesta de pasión y cerveza. “The Likes Of You Again” y “Swagger” son las melodías siguientes, y todos aplauden a Dave King quien con su vestimenta formal y su baja estatura de verdad parece un veterano duende con la magia en las vocales para incitar al bacanal. “The Days We’ve Yet to Meet” es anunciada como una de las canciones de su más reciente placa y a pesar de ello todo el mundo se sabe la letra, lo cual maravilla a Dave. “Requiem for a Dying Song” y “Life in a Tenement Square” van completando el viaje musical mientras el violín de Bridget Regan, esposa del frontman de Flogging Molly y quien constantemente la halaga, llena el Lunario de maravillosos sonidos llenos de clase y poder.

“Esta es una canción que habla del positivismo, de siempre ser uno mismo y siempre obrar bien” indica Dave King al micrófono para dejarse ir con “Float”, haciendo la señal de la paz e incluso un corazón con los dedos que si le sale: nuestro aún presidente debería pedirle un par de lecciones sobre como ejecutarlo. La verdad es que Dave King es todo un bohemio y gusta de hablar y recordar anécdotas entre canciones como en “The Spoken Wheel/Black Friday Rule” donde habla de su padre, o bien en “Life Is Good” que dedica a su madre la cual según en propias palabras del cantante debe estar en el cielo, aunque minutos después corrige y bromea diciendo probablemente esté en un lugar más abajo, bebiendo y fumando.

“Nos tardamos mucho en venir, pero hoy concluimos una extensa gira y podemos decirles que ustedes son el mejor público para tocar. Tenemos que regresar el próximo año a verles” comenta conmovido Dave King por la respuesta de los fans. Y es que la pista es una locura de brincos y empujones con gente que lo mismo viste playeras de metal o punk que cualquier jersey de equipos de futbol europeo; todo al ritmo de temas como “Devil´s Dance Floor” e “If I Ever Leave This World Alive”. Arriba de la tarima la parafernalia es la misma, ya que todos los músicos usan boinas, tirantes y sombreros muy característicos de la cultura irlandesa, lo cual le da un toque por demás pintoresco al performance. El contraste entre la melodiosa “What’s Left of the Flag” seguido de la brutalidad con la que se arma el moshpit con la imparable agresividad de “Seven Deadly Sins”, es el marco perfecto para que Flogging Molly se despida por un instante de su gente.

Abajo la gente luce incluso sombreros verdes de bombín, cual fiesta de San Patricio en pleno octubre, y entre aplausos Flogging Molly regresa para interpretar “Crushed (Hostile Nations)” , un tema por demás inspirador en el que la banda pide a la gente bailar brincando de arriba abajo; alterándolo con fragmentos de grandes odas como “We Will Rock You” de Queen o “Respect” de la recién finada Aretha Franklin. El arcoíris irlandés que nos ha guiado hasta aquí llega a su fin, y la olla de oro prometida se nos es entregada en forma de la poderosa canción “Salty Dog”: tema por demás esperado y en el que todos los sonidos de acordeón, cuerdas, percusiones e instrumentos de viento hacen una fusión apoteósica en un verdadero degenere auditivo con el que la presentación llega a su final.

Flogging Molly se despide feliz ya con Dave hecho una facha sin playera y con una bandera de México atada a la espalda, mientras una grabación de “Always Look on the Bright Side of Life” original de Monty Python con su inconfundible silbidito sirve de marco para la despedida. Todavía un par de músicos deciden aventarse al público que los recibe como dioses, y de hecho los fans se arremolinan a su alrededor para obtener la preciada firma o foto de tal manera, que de plano la seguridad tiene que desalojar a la gente porque si por ellos y los norteamericanos fueran se quedaban toda la noche a convivir. Una verdadera fiesta donde público y banda pueden presumir que el trébol de cuatro hojas de la música estuvo de su lado, por la suerte de haber vivido ese mar de euforia que solo las primeras visitas traen volviéndolas inolvidables.

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