La ciudad de México es sin duda un sitio donde la cartelera de conciertos de rock y metal es muy amplia. Prácticamente cada fin de semana hay un show al cual asistir con talento nacional o internacional, y entre tanto concierto hay muchos que pasan sin pena ni gloria, otros buenos a secas y otros mejores. Sin embargo, hay un selecto grupo de conciertos que se vuelven legendarios. Que cada que se hable del grupo en cuestión la gente dirá algo como “Yo me acuerdo de cuando vinieron en el año “x” al foro “x” y dieron un concierto inolvidable. El show de Ministry del 13 de marzo del 2015 entra sin duda en esa categoría.

Llego al Circo Volador y me encuentro con un escenario que así solo, sin ningún músico arriba de él, es impactante y te eriza la piel. No es la pantalla gigante donde sabes que se desatara el caos visual cuando Ministry este tocando. No son tampoco los imponentes pendones a los costados con el águila sobre la “M” que identifica al logo de la banda. Es ese pedestal: esa imponente base de calavera con la estructura torcida que sostiene el micrófono y que permanece sola en medio del escenario, la que te absorbe y te dice que la leyenda estará aquí.

Media hora después de lo estipulado como hora de inicio, las luces se apagan. Los sonidos de pistones y maquinaria arrancando van dando paso de uno por uno a la aparición de los integrantes de Ministry, quienes con “Hail to His Majesty” arrancan los gritos de todo el público que quieto y boquiabierto disfruta la canción que a mi manera de ver, es como un intro largo. Pero es Ministry quien está en el escenario, no hay espacio para la quietud. Y el siguiente track de la noche es “Punch In The Face” que literal, es como un puñetazo que te saca del marasmo hipnótico y desata ahora sí, la locura enferma en los asistentes del recinto de la viga. “PermaWar” y “Fairly Unbalanced” son canciones con un ritmo industrial más pesado y mecánico, y hacen que los engranes que manejan el cuello se muevan al unisono arriba y abajo con el ritmo de la guitarra de Sin Quirin.

Y entonces, uno descubre que Ministry no trae contemplaciones y que lo que quiere es desatar una guerra insana entre los asitentes. Poner juntas y apenas en la quinta canción a “Rio Grande Blood” y “Señor Peligro”; ¡es una brutalidad inmisericorde! . Ambas son canciones rápidas y mortalmente agresivas, y el slam en el foro se vuelve una tormenta de golpes y empujones donde la música y los visuales caóticos con imágenes de George W. Bush contribuyen a perder la cabeza de manera insana. Tony Campos y su ruda presencia con el bajo complementan ese sentimiento de agresividad que solo él sabe inspirar lo mismo en Ministry, que en otras bandas como Soulfly, Asesino o la extinta Static X. “LiesLiesLies” y “Waiting” son de nuevo 2 canciones muy parecidas entre sí, no tan agresivas como sus predecesoras pero con el suficiente ritmo para mantener a los fans bailando y brincando con todo, mientras en el mosh los golpes y encontronazos están al por mayor.

La presencia de Al Jourgensen merece una descripción personalizada y aparte en esta reseña. El “tío Al” es una leyenda viva. Una mente trastocada influencia de la gran mayoría de las bandas del género industrial. Da la impresión de un vaquero espacial oscuro y demente que se ha perdido en la tierra y ver al hombre convertido en mito cantar detrás de su demoniaco pedestal es una imagen que queda en la mente para siempre. La vida llena de excesos ha dejado secuelas visibles, y el desgaste en su físico y energía es notable (a muchos les sorprendería de hecho que pueda seguir de gira, muchos ya habrían muerto con el ritmo de vida que ha llevado Jourgensen), pero el tío Al es un ente inmortal, y su rasposa voz puede poner a todo un recinto de cabeza al interpretar temas como “Worthless”, “Watch Yourself” y “Life Is Good”.

Y el momento cumbre del concierto se acerca. Ministry ha regresado para instaurar otra vez y después de su última visita que data de hace 11 años ( pero como parte de un cartel en el que muchos fueron por otras bandas, nunca solos) su nuevo orden mundial, y con “N.W.O.” todos bailamos y nos movemos como robots obedientes al centinela maestro en un mundo post-apocaliptico. Posteriormente “Just One Fix” pone a todos en el aire a brincar con su sonido festivo y pegajoso.

Y luego, el momento supremo y apoteósico. Ese riff entrecortado por un efecto de sierra que todo mundo espera y pone a aullar de emoción a los fans. La canción más esperada de la noche esta aquí. Si eres un asiduo asistente a los bares de esta ciudad con concepto gotico-industrial (Dada X, UTA, El Real Under, etc.) por lo menos una vez has bailado y brincado con “Thieves”. Pero esta vez no es una consola ni un DJ, esta vez es el mismisimo Al Jourgensen quien la canta, y lo que ocurre después es indescriptible: Un caos hipnótico se desata y solo te dejas llevar por el taladrante ritmo de principio a fin pegando, brincando, gritando, empujando,cantando….; de verdad algo que jamás se olvida; ¡Que canción!. El viaje lleno de raras carcajadas con “So What” y un breve encore que da paso a “Khyber Pass” ( una canción que es como un outro, pero cansada y eterna) cierran la noche, pero a mi parecer estuvieron de más: “Thieves” y lo que paso en ese momento es donde el concierto dio todo y exploto al máximo, y es de hecho lo que, como platicaba al principio de la reseña, uno platicará y recordará por años venideros cada que se hable de Ministry, y de esa visita del 13 de marzo de 2015. Sin Quirin regresa a aventar plumillas en abundancia para los asistentes, y todo mundo parte feliz y sudoroso a sus casas, sabedores de que han presenciado historia.