Opiniones muy extremas para la banda californiana dirigida por la cantante Maria Brink, desde los más contundentes que los califican de basura hasta sus fans que obviamente los ovacionan; no se ven puntos medios, o los adoran o los desprecian. Black Widow es el quinto álbum de estudio de In This Moment y posiblemente aquellos juicios de los detractores no cambien ni un poco, pese a que el quinteto parece haber encontrado más creatividad para su música con un estilo más industrial ya tomado en Blood (2012), dispar al Metalcore de sus primeras producciones.

Una característica del álbum es que alude en gran medida al metal industrial que hacía Marilyn Manson en la década de los 90 y al trabajo solista de Rob Zombie, al igual que a las secuencias de los Nine Inch Nails primigenios. Esto podría ser atractivo para la gente seguidora de ese sonido noventero, ya que hay una buena carga de éste a lo largo de Black Widow.

El disco cuenta con una introducción (‘The Infection’) de sonidos apocalípticos y voces en off en los que van añadiéndose elementos industriales que serán la constante de Black Widow, como las maquinarias, artilugios y bullicio circense de ‘Sex Metal Barbie’, título que delinea tan bien a Maria Brink. El tema es compuesto por estrofas meramente ambientales y de juegos sombríos que se intensifican en los coros con algunas voces robóticas por ahí.

El riff inicial de ‘Big Bad Wolf’ está notoriamente influenciado por el de ‘Iron Man’ de Black Sabbath, trae esa misma cadencia distorsionada que va de más a menos y hasta haría pensar a algunos que es una calca exacta del clásico riff creado por Tony Iommi en 1970. La forma de cantar de Brink en esta canción es semejante a como lo hizo Corey Taylor en el primer disco de Slipknot, además de unas líneas hacia el final que me recuerdan a los desgarres in crescendo de Zack de la Rocha (Rage Against the Machine) de temas como ‘Killing in the Name’ o ‘Freedom’.

La siguiente en sonar, ‘Dirty Pretty’, recae mucho más que las anteriores en lo industrial aunque sin el uso de guitarras pesadas, con una Maria Brink menos enfurecida para darle marcha a una más melodiosa. Tan industrial –y ya con guitarras más fuertes- va también ‘Black Widow’, la cual posee una introducción caricaturesca como de Looney Tunes.

Brent Smith de la banda Shinedown hace una participación en la balada ‘Sexual Hallucination’, una canción muy plana y convencional que no figura tan relevante en el disco; destaca el piano tocado por la vocalista que alterna entre voz dulce y rasposa. Desde aquí el álbum comienza a perder fuerza y, salvo un tema, lo demás es regular.

Algo pasa desde ‘Sick Like Me’ que las canciones se sienten faltas de inspiración en las partes que deberían ser las más enérgicas; la ya mencionada posee los riffs más heavy del disco pero en los coros descuidan la contundencia y se vuelve escueta, igual que ‘Bloody Creature Poster Girl’. Maria tiene que rescatar un poco el momento con su voz seductora en la primera y de muñeca malvada en la segunda.

Entre este declive se levanta ‘The Fighter’ como la mejor del disco, nuevamente con el uso del piano esta vez más acertado que en ‘Sexual Hallucination’. Maria Brink se expresa muchísimo más emotiva y con demasiada entrega vocal, mientras la canción crece alrededor de solamente ella y el piano. Su intensidad es tal que logra contagiar el ímpetu de exponer totalmente su esencia, sin ningún reparo de imperfección.

‘Bones’ sufre también de carencia de enganche para mantener lo interesante de su comienzo, y ‘Natural Born Sinner’ es más bien prescindible. Una especie de acto drama queen se escucha en la enteramente conversadora y solloza ‘Into the Darkness’, preámbulo a ‘Out of Hell’ que es la tercera canción de piano pero no es sobresaliente.

Black Widow tiene una duración de una hora y como producto final no tiene los suficientes argumentos para tal extensión, con 10 canciones pudiera haber tenido un mejor resultado. Sin duda hay cosas interesantes en este disco y en esta banda, pero hasta ahora continúan como una propuesta cuyo éxito se debe más a la imagen/parafernalia de Maria Brink que a la música, y que ella misma es el camino fácil para atraer al público. Esto no es algo peyorativo, pero hay otras bandas con cantantes hermosas en las que la música está a la par o habla más que la belleza.