“¿De verdad el show será aquí?” es seguramente tu primer pensamiento al llegar al Billar Billy´s. Solamente al entrar, una barra separa al pasillo de la zona de las mesas de billar, donde la gente que ya está dentro está escuchando una rockola con lo mejor de lo mejor de la Banda El Recódo y Luis Miguel. ¡Como han cambiado los fans de Graveworm! Afortunadamente, una escalera nos lleva a la planta alta donde existe un mundo totalmente distinto y los metaleros están agrupados y listos para recibir a una de las bandas italianas más esperadas en nuestro país.

Previo al plato fuerte, bandas como Shoah -oriundos de la Ciudad de México- y Eshtadur de Colombia son muy bien recibidas y aplaudidas por los asistentes. Uno de esos shows donde los teloneros no son una carga sino al contrario, dejan el ambiente prendido y listo para la cabeza de cartel. Las bandas tienen una gran ejecución, y abandonan el escenario para que el gusano de tumba haga su aparición.

La parte sinfónica de ‘The World Will Die In Flames’ hace las veces de intro y Graveworm hace suyo el escenario y de inmediato Stefan Fiori busca hacerse notar al micrófono pero…¡nadie lo escucha! El micrófono falló y los abucheos no se hacen esperar, mientras el robusto vocalista regaña a lo lejos al técnico de sonido. Todo se resuelve cuando alguien del staff sube al escenario y le aclara al cantante italiano, que para que el micrófono funcione, pues básicamente lo tienen que prender. LOL. Pasado el penoso incidente, el show continúa con ‘I The Machine’ y ‘Legions Unleashed’ para que el slam comience y poner las cabezas de todos a girar al ritmo del gran gusano italiano -sin albur-

La vertiginosa ‘Hateful Design’ continúa con el concierto, mientras la adrenalina no baja ni un instante. Stefan le pide a la gente elija la siguiente canción y una chica le pide ‘Dreaming Into Reallity’ a lo cual la banda accede con agrado y todavía tienen la delicadeza de preguntarle si le gustó la ejecución. “Hemos estado gira en México estos días, pero sin duda ustedes son el mejor público, tocaremos algo ahora del álbum “(N)Utopia, ¿adivinan cuál?”  y de la guitarras de Eric Righi y Stefan Unterpentinger se desprende la canción homónima a dicha placa, para después tocar un tema de su producción próxima a ver la luz en unos meses.

Lo cierto es que alguien le tiene que avisar a Billy que a su billar le urge una remozada, principalmente en el techo. Está muy bajo y tiene alambres y estructuras por fuera, que hacen que los músicos arriba del escenario al agitan sus melenas, éstas se atoran, haciendo que se den jalones de cabello indeseablemente cómicos.

Y si algo esperaba la gente, era que llegara la hora de los famosos covers que hacen los oriundos de Bruneck de clásicos ochenteros convertidos en black metal melódico, y ‘Losing My Religion’ -original de R.E.M.- se convierte en una experiencia única de verdad, poniendo a todos a cantar y guturar toda la canción. Me atrevo a decir que fue el momento más sublime y viajado de toda la noche. ‘Buried Alive’ es tocada, bajo la amenaza de que si la gente no responde con más euforia los músicos será la última que toquen. Por fortuna no es así, y temas como la oscura y enigmática ‘Awake’ , ‘Abscense Of Faith’ y su sonido muchísimo más meloso y tranquilo ; y su contraparte ‘Awaiting The Shining’ que es todo poder y slam y en la que la banda pide a los asistentes un Wall Of Death suenan y siguen completando la noche.

Tras un breve encore, y después de tocar una canción nueva, el cierre de oro no puede ser de otra forma sino con otro esperadísimo cover de Graveworm, y esta vez la elegida es la más esperada de la noche. ‘Fear Of The Dark’ de Iron Maiden es simplemente -no puede ser de otra forma, obvio- brutal y apoteósica. El público no deja de brincarla y corearla de principio a fin, el slam en el moshpit llega a su punto cumbre, y hasta quienes bebían sin conocer las canciones de Graveworm se acercan, porque pues ¿Quién no conoce esta canción?. La adaptación oscura y gutural del clásico de Steve Harris y compañía es el plato fuerte y agusanado de la noche y la explosión y culminación de una increíble noche de sábado metalero en nuestra capital. La gente pide más canciones -incluyéndome- pero ha sido todo. Es hora de que el gusano sepulturero regrese a las profundidades de su tumba.