Salido de la banda alemana KMFDM -en la cual estuvo 14 años- donde tuvo su mayor exposición y con varios proyectos más como Slick Idiot o Pigface, el músico En Esch (o Nicklaus Schandelmaier para sus familiares) continúa su labor como solista con el lanzamiento de su segundo álbum Spänk luego de poco más de 20 años desde Cheesy, su primer álbum en solitario.

Encumbrado en el género industrial, En Esch ofrece un disco que supera la hora de duración con casi 20 minutos, por lo que requiere de una empatía total por el estilo. La primera mitad es la que emerge avante para posteriormente repetir la fórmula hasta la culminación del álbum, lo cual no implica un bonche de malas canciones, al contrario, se disfrutan sabiendo y conociendo cómo está la onda en estos terrenos.

Spänk posee componentes varios que van desde –evidentemente- Industrial, Rock, EBM, Synth e incluso de Big Beat. Para la primera canción ‘12345’, En Esch hace mancuerna con su ex compañero de banda Tim Sköld, quien estuvo en las filas de KMFDM en 3 ocasiones y que también formó parte de Marilyn Manson tras la partida de Twiggy Ramirez en 2002. El tema se distingue por dicha colaboración de Tim con melodías cautivantes de guitarra en adecuada armonía con sonidos industriales.

Los riffs pesados de inicio entran en concordancia con el título de la segunda canción en el listado, ‘Hard On’, en la que una voz femenina acompaña a En Esch entre cadencias lentas y Synthpop, forjando así un tema seductor y provocativo. Este ritmo es mantenido en ‘Give the People What They Want’ y ‘Soul to Steal’, temas que incitan a quebrantar el sosiego del otro, a traerlo a la tentación.

El espíritu pecador de lo ya escuchado es pausado para acceder a una zona aterradora llamada ‘Do Me’ cuya aparición momentánea de riffs punzantes sólo incrementan más la niebla que parece cubrir a este track.

También hay espacio para el metal industrial, y es ‘We Love to Hate’ la encargada de ponerle aceleración al asunto, muy apreciable en la batería –especialmente el bombo- que devasta todo el tema. Esa aceleración se transforma en un sonido que bebe del Big Beat y el Industrial para expulsar ‘Slickalicious’, una de las más bailables y que invita a exterminar todo rastro de conciencia.

La canción de mayor duración, ‘No Guts, No Glory’, contiene un festín de secuencias y locuras electrónicas para desenredar, mientras ‘Ich Bin ein Berliner’ posee los beats más rápidos del álbum.

‘Ich Bin Bereit’ es un tema tranquilo a comparación de lo demás, se diferencia por la inclusión de piano en puntuales fragmentos y tenues riffs. Las 3 canciones restantes no tienen mucho qué decir, salvo los bajos afiladísimos de ‘Spänk’ y el aviso de ‘This Party ain’t Over’ sobre que la juerga con En Esch se reanudará inminentemente.

Con la subjetiva observación de algunas canciones que pudieron haberse descartado, Spänk se deja atender mediante una porción de industrial pegadizo que dejará muy contentos a los fans del género y, por supuesto, de este músico.