Ninguna banda de rock puede alcanzar el éxito sin un buen frontman, eso es un axioma innegable. Ninguna, aun teniendo una alineación llena de virtuosos, o las mejores composiciones. El también llamado “vocalista” es una parte tan importante del impacto de una banda, que su nombre e imagen, muchas veces, se convierten en sinónimo de la agrupación que representan. No podemos pensar en The Doors sin que venga a nuestra mente la imagen de Jim Morrison. O hablar de Queen sin hablar de Freddie Mercury. Y Metallica sin James Hetfield es inconcebible.

Y definitivamente, no podemos hablar de Iron Maiden sin pensar en quien es, simple y sencillamente, una de las más grandes leyendas del metal: El Gran Bruce Dickinson.

El señor Dickinson no es el vocalista original de la legendaria agrupación conocida como “la Dama de Hierro”. Sin embargo, a partir de su llegada, Iron Maiden alcanzó alturas insospechadas, tomando su justo lugar no solo entre los mejores representantes de la corriente conocida como “nueva ola de metal británico”, sino a la distancia y al paso de los años, entre el selecto grupo de las leyendas del rock, gigantes que han dejado grabado con sangre y fuego su nombre en los anales del metal.

Gracias a la llegada de Dickinson, Iron Maiden logró obtener la última pieza necesaria para convertirse en una banda que traspasa las fronteras. El genio creativo, musical y letrístico de Steve Harris no tiene comparación. Pero sus épicas composiciones requerían ser interpretadas por alguien que les dar vida, poder y presencia,  Y esos son sólo algunos de los elementos que el señor Dickinson aporta a decenas de inmortales tracks de la discografía de los londinenses. Su poderosa voz de tintes cuasi-operáticos y de impresionante rango, es el vehículo perfecto para las letras majestuosas de Harris, llenas de referencias literarias, históricas y bélicas. Si añadimos a esta receta la precisión y poderío del mismo Harris y de Nicko McBrain, aunados al virtuosismo de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, podemos explicarnos entonces porque Iron Maiden es una banda  universalmente reconocida y venerada por prácticamente todo aquel que se autodenomina “rockero”, sin importar las barreras de lenguaje ni las brechas generacionales.

Este texto nace porque hace apenas unos días, se cumplieron 33 años de la llegada de Dickinson a Iron Maiden. Y aunque sabemos que el tiempo, ese cruel verdugo implacable, no permitirá que sigamos disfrutando de su talento para siempre, nos queda el legado de los extraordinarios discos que grabó al frente de la Dama de Hierro; el legado de decenas de canciones que sus fans hemos elevado al rango de verdaderos salmos.

El legado de ese hombre, esa leyenda viva llamada Bruce DickinsonUp the Irons!

 

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