Buen debut
87%Nota Final
PRODUCCIÓN100%
VENUE85%
AUDIO75%
Puntuación de los lectores 5 Votos
71%

Directamente desde Australia, llego al in el día en que Thy Art Is Murder visitara nuestro país, y lo hizo con un debut soñado y de gran convocatoria, incluso obligando a los organizadores a mover el concierto de sede (Del foro Alicia al Cosa Nostra), tras una gran venta de boletos.

La noche inició desde las 7 pm con The Horror Between Us y la sorpresiva inclusión de última hora directo desde Cuernavaca de Lack Of Remorse. Sin embargo, el verdadero ambiente entró en ebullición -no solo por la euforia, sino por la aun carente ventilación que convierte al Cosa Nostra en un horno cuando hay muchos asistentes- con la presencia de Drop The Silence y Lethal Creation. Los primeros irreverentes y agresivos con su descarga de deathcore arengando a la gente a enseñarles a los “güeritos” como se disfruta el género en México (Y que siguieron al pie de la letra los fans, al grado de que la seguridad tuvo que intervenir para calmar a un “deathcorero” demasiado eufórico) y hasta bromeando acerca de los constantes cambios de look del vocalista; los originarios de Querétaro por su parte, pusieron de cabeza al recinto con su poderosa descarga de metal (opacada un poco por un insoportable chillido en el audio), principalmente extraído de su EP “Humaniatic”, y sobretodo con su muy bien logrado cover de “Blind” original de Korn, dejando la mesa servida e hirviendo para el asesinato en masa que estaba por venir.

12966149_10154218104984171_1369060314_nPuntual al programa establecido, Thy Art Is Murder arrió al escenario y la muy nutrida audición pierde la cabeza desde el inicio cuando los australianos arrancan la presentación con “Soldiers Of Immortality” y “Laceration Penetration” que literal y haciendo gala al nombre hace que los asistentes terminen lacerados y…Gracias a dios solo eso.

Por un lado, Sean Delander aparece con la mascara del santo y una playera con el escudo nacional, mientras que en la pista un fan porta la mascara del Dr.Wagner , lo que me hace dudar si estoy en el Cosa Nostra aún o si inconscientemente me moví a la Arena México ubicada frente al recinto. Como sea, aquí hay más golpes que en la lucha libre con temas como “Infinite Death”, “Dead Sun” y la brutal “Coffin Dragger”. Monte Barnard (vocalista de Alterbeast) esta al frente rabioso y agresivo al micrófono y por momentos hace olvidar la partida de CJ McMahon ocurrida apenas en diciembre del año pasado, y empieza a asesinar los oídos de los asistentes con disparos de puro deathcore al ritmo de “Emptiness”,“The Puriest State Of Hate” y “Shadow Of Eternal Sin”.

Para estos momentos el sudor escurre inmisericordemente en los asistentes y músicos por igual, pero eso no merma la energía de ninguna de las dos partes que siguen dando todo en euforia y pasión con “Doomed From Birth”, “Reign Of Darkness” y “Light Bearer”, canción ideal para organizar el Wall of death.

“Quiero un aplauso bien fuerte para todas las bandas que estuvieron antes que nosotros, apoyen a su escena” pide el cantante al público, antes de interpretar “Cowards Throne”. En la pista me toca presenciar algo muy curioso: Hay una guerra literalmente de “hardcoreros” vs.“metaleros” por adueñarse del moshpit. Los primeros abren espacio y buscan adueñarse del espacio con bailes exagerados y casi de artes marciales, tirando patadas voladoras y puñetazos volados, pero son reducidos por algunos metaleros que prefieren el slam tradicional de empujones y embestidas con todo el cuerpo, hasta que algún hardcorero intenta abrir de nuevo el hueco cerrando el ciclo. Para esta guerra no hay mejor canción de fondo “Holy War”, canción homónima del disco mas reciente y que los trae a nuestro país, culminando así la primera parte del show.

Unos minutos después, la banda regresa a terminar la devastación con su arte asesino con un par de temas más: “Absolute Genocide” es como tal un genocido total y bestial mientras que con “Whore To A Chainsaw” público y banda dan lo último y el asesinato australiano es por fin consumado.

Una gran noche para todos, a tal grado que Barnard de inmediato baja del escenario a firmar autógrafos y fotografiarse con quien este deseoso de llevarse un souvenir de su inmisericorde asesino.