¡Nos estamos quedando sin ídolos!

Hace apenas unos cuantos días -el 26 de septiembre pasado- el periódico australiano Sydney Morning Herald confirmó una terrible noticia que durante prácticamente todo el año llevábamos esperando. Malcom Young, el guitarrista y fundador de AC/DC, se retira permanentemente de la banda y de hecho de toda actividad musical, al ser víctima de Alzheimer, enfermedad también conocida como demencia senil.

Esta lamentable, terrible noticia nos plantea una reflexión igualmente sombría. Aun cuando el rock -particularmente el rock pesado- es una forma de arte que ejerce una gran atracción sobre los jóvenes, la realidad es que es un género cuyos mayores exponentes rayan en el medio siglo o más de edad. Luego entonces, es música “para jóvenes” pero interpretada por hombres maduros, casi ancianos, que llegaron a este mundo durante los años 50 o los 60.

El citado Young tiene, ahí nada más, 61 primaveras. Y su hermano Angus, el rostro más reconocible de AC/DC, está a unos meses de cumplir las seis décadas. ¿Y los restantes ídolos del rock duro? El hombre cuyos dedos cercenados le dieron vida al sonido del metal, Tonny Iommi de Black Sabbath, ya pasa de los 66. Y su compadre Ozzy, el Príncipe de las Tinieblas, tiene 65 años –aunque gracias a las drogas camina y habla como si tuviera 97-. Los tres miembros de Led Zeppelin que aún viven promedian 68 años de edad. El hombre de los estoperoles -hasta en la tanga-, Rob Halford -de Judas Priest-, tiene 63. Steve Harris y Bruce Dickinson, pilares de la legendaria Iron Maiden, tienen 58 y 56 años respectivamente. Paul “Starchild” Stanley de KISS ya cuenta con 62 años, y Gene Simmons, a sus 65, dice tal cantidad de pendejadas por minuto, que pareciera que él también sufre de demencia.

Pero claro, si esas son bandas sesenteras y setenteras– exclamará sin duda alguien. Bueno, también entre las bandas ochenteras, la edad hace estragos. La gente se asombra porque Axl Rose ya no luce como el sex symbol que solía ser y de hecho, se asemeja más a Lucha Villa en sus últimos años. Pero ¿cómo no? Si carga 52 años a cuestas. Hace exactamente dos años, Mötley Crüe tocó en México junto a KISS, y quienes asistimos fuimos testigos de como la artritis prácticamente le impide ya moverse a Mick Mars (63) y de como el antes inagotable Vince Neil (53) ahora tiene que detenerse frecuentemente a recuperar el aliento. Y aunque parecieran incansables, incluso los gigantes del Metal conocidos como Metallica viven amenazados por el fantasma de los años: James tiene 51, el simpatiquísimo Lars 50, Kirk Hammett 51 y el más joven de ellos, Robert “doña Lencha” Trujillo, 49.

Así es. El tiempo, ese democrático verdugo que no conoce la piedad ni la clemencia, nos dejará, en unos cuantos años, sin dioses del metal. Si a eso le sumamos un estilo de vida lleno de excesos de todo tipo, el panorama es aterrador.

¿Y qué haremos cuando el último de los gigantes se retire, o peor aún, se encuentre bajo tierra con su pijamita de madera? ¿Quién hay ahora que pueda eventualmente ocupar el trono? Nadie. Las corrientes más cercanas que podrían presentar a un candidato viable son el grunge y esa mamadencia llamada Nü Metal. Y ni aún así. Pearl Jam es una magnífica banda, pero sus composiciones tan introspectivas carecen de atractivo comercial y no han tenido un gran hit prácticamente desde su álbum debut. Nirvana ya no existe, y quiero suponer que aunque Cobain no se hubiera volado la tapa de los sesos, tampoco existiría actualmente. Korn, Foo Fighters, Radiohead, Audioslave, Tool. Todas magníficas bandas, pero ¿alguien se los imagina como cabeza de cartel de un festival masivo, como el Monsters of Rock, donde AC/DC tocó ante un millón seiscientas mil almas? ¿Podría Marilyn Manson convocar a 300,000 personas como lo hizo Iron Maiden en Rock in Rio, o cerrar para las casi 700,000 que disfrutaron a Rammstein en el Rock on Volga de Rusia? Definitivamente no.

El tiempo no perdona. Cuando Steve Harris diga “a la mierda Maiden” y decida quedarse en casa a tomar chocolatito caliente; cuando Gene Simmons se muera como el perico –a medio palo-, y cuando Ozzy se atragante con su pastilla para la próstata inflamada, ese día nos vamos a quedar sin ídolos.

Bueno… al menos nos queda Cristian Castro

BARENHOHLEbigl