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Una buena noche para disfrutar de buena música Oi! fue lo que pudimos vivir con el cierre de gira de los magníficos Curasbun, quienes tras una gira que inició con un show en este mismo recinto y después dar otro en Toluca, decidieron regresar de nuevo al Salón Bolívar para cerrar su gira “Aunque les duela”.

De todas las bandas anunciadas como soporte en el cartel, el discurso antifascista comenzó con la presentación de Old School Crew, una banda naciente que con apenas 4 presentaciones en su haber en este proyecto se plantaron en el foro dando un espectáculo fuera de lo común con un vocalista disfrazado de un macabro payaso, que nos lleva de la mano a un setlist lleno de ritmos street punk, ska y hasta urbano, pero todo con el mismo mensaje pues como lo manifiesta la banda “El skinhead es una ideología, no importa el ritmo puede ser ska, reggeae o cualquier otro”. Su sonido es potente y callejero; el hecho de que de repente el vocal pase de un payaso infernal a un demonio con todo y cuernos puestos durante el show, le da un refresco y originalidad en comparación a lo que normalmente uno aprecia.

Somo pocas las personas en el lugar de este evento, – cada vez hay más oferta de eventos por toda la ciudad lo cual supera la demanda y hay poca gente en todos los frentes- pero eso no le importa a Curasbun quienes se ganan el respeto absoluto de todos pues desde la apertura con “Alcohol, Oi!, Violencia” se entregan de una manera tan agresiva y profesional que parece estuvieran al frente de un foro repleto. “Mal chicos” e “Inmortales” son las siguientes en ser tocadas, mientras la imponente figura llena de tatuajes de Fernando Magno canta con rabia esos temas que hablan de camaradería, bares y puños.

“1 de abril” y “El tributo a la mierda” aceleran aún más las pulsaciones y el sonido del Street punk que retumba con todo en el Bolivar, para que después el discurso contra “Esa guerra dispareja donde unos pelean con piedras y otros con armas” sea cantado en la poderosa “Palestina”; luego retomamos aquellas historias de bares y fraternidad skinhead con “La canción skinhead”. “Mi puta vida” suena y unos fans agitan sus cabezas pegadas a la barrera mientras otros degustan sus cervezas en enormes vasos blancos que levantan acompañando a los chilenos al compás.

“Policia, policía, policía, policía” grita Curasbun para empezar con uno de sus grandes clásicos, y en cada vez que la banda lo repite la gente lo acompaña con un vomitivo grito que remata el pegajoso pero demencial coro. “Escudo Boys” seguida por la oda a la deliciosa “Cerveza” mantienen el poder de la presentación; la banda es impresionante en el escenario. “Colones” que es una de sus más famosas colaboraciones en estudio junto con “Skingirl”: la historia de la chica más ruda del lugar, llenan de potencia la noche y hacen que quienes estamos ahí desgarremos las gargantas en cada canción.

El setlist sigue su curso y ahora “Aunque les duela” es ejecutada. La noche de Oi! poco a poco va llegando a su fin, sin embargo, un sonido de marcha marcial acompañado por aplausos muy bien coordinados anuncia “El himno del bar”: una canción que parece hecha para cantarse a todo pulmón por las calles de camino o saliendo de una buena borrachera con los camaradas, y el grito de “Glory, glory, Aleluya” se manifiesta con toda la vehemencia que amerita.

Ha llegado el momento de despedirse, a lo cual Curasbun lo hace de una manera atroz y brutal con la inigualable “Cabezas rapadas” donde los fans hacen el slam mas aguerrido de la noche y todo termina en una locura desatada de riffs y cantos, acompañada de Fernando lanzando playeras de la gira a destajo a la pista para dar por terminado el show de los chilenos. ¡Un final de oro puro!

La banda se despide finalmente, feliz porque su mensaje ha sido escuchado y porque no importa si es uno o son mil: Curasbun y el Oi! siguen pisando fuerte y ganando adeptos por doquier ante tan aplastantes presentaciones.

Curasbun: El himno del bar retumba en el salón Bolívar
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