Fotografías cortesía de Tom Barnes / Napalm Records.

 

Entrevistar a uno de tus ídolos de la infancia puede convertirse en una adicción. Sin duda una tan sana como la música, que me cuenta Igor Cavalera cuando nos conectamos vía Skype, él desde Londres, yo aquí en el DF, es el único vicio que arrastra. Quizá es por eso que a sus 44 años puede seguir tocando redobles tan enfermos como el que creó como introducción para Territory, uno de los temas icónicos del no menos célebre álbum ‘Chaos AD’ de Sepultura, de 1993. De niño, yo intentaba seguir sus golpes con ayuda de dos lápices sobre mi almohada y no lo conseguía. Seguramente si lo intentara con las canciones de ‘Pandemonium‘, el disco que junto a su hermano Max lanzó el 4 de noviembre pasado con el grupo Cavalera Conspiracy tampoco lo conseguiría. Igor sigue siendo una bestia. Y se lo digo.
Cuando has sacado tantos discos, ¿qué puede significar uno nuevo?

Max y yo estamos muy orgullosos. Llegó un momento en que, como músicos, nos vimos obligados a superar nuestros propios límites. Este álbum es duro, agresivo, refleja la forma en que Max y yo vemos la música hoy.

¿A qué límites te refieres? ¿Acaso Max y tú se ponen límites?

Bueno, me refiero a hacer lo que siempre quisimos hacer desde que formamos Sepultura: trabajar lo más intenso posible, sacar lo mejor de nosotros como músicos. Apoyarnos el uno el otro sin reservas.

En este disco, algunas reseñas han apuntado a decir que experimentaron con el Grindcore, ¿estás de acuerdo?

Sí y no. Los elementos grind core están ahí, pero no en lo sonoro sino en la inspiración. Ante todo, Pandemonium es un disco de los Cavalera, pero con influencias grindcore.

Dices que tú y Max siempre se apoyarán, peor la realidad es que tras su salida de Sepultura (1996), te distanciaste de tu hermano. Háblame de ese proceso de volverse a identificar como compañeros de banda.

Fue divertido y muy cool al mismo tiempo. Experimenté tanto con mis otros proyectos, que volver con Max fue, hasta cierto punto, volver a un sonido mucho más sencillo, casi minimalista, comparado con lo que estuve haciendo por mi lado. Al mismo tiempo, el metal tiene su propia complejidad. Por eso creo que es importante, creo, acercarse a diferentes proyectos, para que no te quedes en una zona de confort.

10808013_10152793012802088_71963946_nTu estilo incorpora elementos de samba y música tribal, ¿es eso resultado de tu búsqueda en ritmos externos al metal?

Sí, mi estilo es resultado de que no quiero sonar como nadie más. Cuando empecé a tocar, había otros músicos que temían salirse de los cánones de la batería, pero a mí nunca me molestó que mi batería tuviera un toque brasileiro, porque eso enriquecía el sonido.

¿Te enorgullece hacer sido la primera banda metalera latinoamericana que se reconociera a gran escala en el mercado extranjero?

Claro, es una de las cosas mas me enorgullecen. En nuestros primeros días, no había grupos de México o de otro país que tuvieran reconocimiento internacional. Me atrevo a decir que fuimos la primera banda que se podía enfrentar cara a cara con cualquier grupo británico o estadounidense en cualquier escenario del mundo.

¿Cómo te mantienes en forma? ¿Tu forma de tocar te lo exige?

Es curioso, pero sí. Tocar la batería como lo hago requiere de mucha condición física, pero también de una gran pasión. Puedo tocar muy rápido por más de una hora sin sentirme cansado. No sé cómo será dentro de diez años, pero hoy me siento bien. Me ayuda que nunca he tomado alcohol ni usado drogas y puedes o no creerme, pero mi salud lo prueba. Hay otros músicos que abusan de su cuerpo y el resultado se puede ver en su forma de tocar.

¿Es Cavalera Conspiracy un proyecto para siempre?

No lo sé, es difícil decirlo. Cuando hicimos el primer disco de Cavalera, pensamos que sería el único. Ahora nos preocupamos sólo por dar un paso a la vez. Hicimos este disco y queremos hacer más, pero no sé si eso signifique un “para siempre”.

Zyon Cavalera tocó la batería en Enslaved, de Soulfly. Y cuando Cavalera Conspiracy vino a México, invitaron a tocar a Ritchie Cavalera. Para ti y para Max la familia siempre ha sido muy importante, ¿crees que para él compartir el escenario con sus hijos representa un cierre de ciclo?

No estoy seguro que lo de Zyon fuera porque es hijo de Max. Han pasado grandes bateristas por Soulfly y Zyon es uno más de ellos, un muchacho con gran talento. Max se siente orgulloso de poder tocar con él. No todos los padres tienen la suerte de hacer música con sus hijos. Ambos disfrutamos tocar con nuestras familias; los hijos de Max y los míos crecieron escuchando música, yendo de gira, y era de esperarse que les llamara la atención. Mis hijos no han formado una banda aún, pero si lo hacen estaré ahí para ellos.

¿Tu proyecto electrónico, Mixhell, es parte de esa búsqueda que mencionas?

De eso se trata, de intentar nuevas cosas. Hacer música electrónica es mi forma de expresar que me gusta la música por encima de todo, independientemente de los géneros. Lo que hago con mi esposa es distinto a lo que hago con Cavalera o lo que hice con Sepultura. Pero todos están conectados. En ambos mundos, la electrónica y el metal, existe una energía similar.

¿Qué pasa por tu cabeza cuando vuelves a tocar viejos temas de Sepultura con Max?

Es mágico. Escribimos muchas de esas canciones cuando Max y yo éramos niños y que a la gente le guste escucharlas tantos años después, realmente nos conmueve mucho. Escribimos Troops of Doom, por ejemplo, en 1984 y a la fecha seguimos tocándola. La gente enloquece.

Durante la primera etapa de Sepultura, contigo y Max en sus filas, quizá haya sido la última oportunidad del metal para forma parte del mainstream. Recuerdo que el video de Bloody roots no paraba de aparecer. ¿Eso te da nostalgia?

Para serte honesto lo veo como un proceso natural. Las cosas cambian. Estuvimos en MTV y la radio ¿y qué? Hemos vuelto al origen, ahora el metal otra vez es algo underground y no hay porqué sentirse triste. Sólo es así.

¿Qué piensas del Sepultura actual?

No representa lo que hicimos, Max y yo. No quiero comentar más. Max y yo somos felices haciendo lo que hacemos y lo que los otros hagan, me tiene sin cuidado.

¿Qué es lo que más te gusta del estilo de tocar de tu hermano?

Adoro su estilo porque es muy percusivo. Utiliza la guitarra más como un tambor que como un instrumento de cuerdas. No es como esos guitarristas aburridos que no se atreven a hacer cosas originales.

No puedo dejar de preguntarte sobre futbol, ¿sigues coleccionando camisetas?

Tuve que parar, ¡era una locura! Tuve que guardarlas en casa de mi madre, porque se me venían encima. Cuando me mudé de Sao Paulo a Londres, regalé muchas, de otras me deshice. Mis primos se quedaron con bastantes. Yo, para serte honesto, guardé muy pocas.

Antes del Mundial pude hablar con Max y me dijo que esperaba que a Brasil le fuera bien, ¿qué piensas tú de tu selección, una vez concluida la Copa?

¡Cielos! ¿Por dónde empiezo? Fue un desastre. Creo que la única parte positiva del Mundial fue que, tú sabes, nací en un país que aparentaba estar conforme con lo que pasaba y que, a raíz del Mundial, se destapó que no era así, que había muchas personas protestando. Si nos avocamos a lo futbolístico, fue terrible para Brasil, pero en términos sociales la gente habló.

¿Qué tan atento estás a Brasil desde Londres?

Vine a Londres porque es un sitio donde la música que hago tiene futuro, pero sigo la historia de Brasil desde lejos, las elecciones y todo eso. Es desesperante lo que pasa. No es nuevo, es algo que empezó hace mucho. Desde niño experimenté ese caos social, y no parece que vaya a cambiar.

Creo que ya debemos colgar, pero dime, ¿tienes nuevos tatuajes?

Muchos, todo el tiempo me estoy haciendo más. Ahora he intentado una nueva técnica que se llama “tatoos hechos en casa”, que se trata de utilizar agujas y tinta, pero sin máquina. No lo he hecho yo mismo, porque puedo dibujar, pero pincharme solo es algo con lo que aún no puedo lidiar.

 

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