Después de que Mikael Åkerfeldt (Opeth) abandonara definitivamente en 2012 el supergrupo de old school Death Metal Bloodbath, estos entraron en un periodo de inactividad que, en realidad, traían desde poco antes de la salida del vocalista. Peter Tägtgren de Hypocrisy ya había sustituido a Åkerfeldt en Nightmares Made Flesh (2004), este último regresó después y se retiró de nuevo porque al parecer los growls y el metal extremo ya no le dicen nada; los dos últimos discos de Opeth carecen de aquellos elementos, y por ahí en algunas entrevistas ha declarado que si en algún momento vuelve a componer música extrema será porque tenga algo verdaderamente pesado para entregar.

Finalmente el nuevo vocalista resultó ser Nick Holmes, líder de Paradise Lost, un cantante que de entrada pareciera tener poco que ver con el espectro del Death Metal, pero sólo hace falta recordar que su inicio con Paradise fue totalmente Death/Doom, por lo que no es nada ajeno al tema. Lo que sí es que a Holmes no se le escuchaba cantando con voz gutural desde el icónico Gothic de 1991, pues en los discos posteriores mostró tonos más graves, rasposos y limpios. ¿Podría cumplir con la tarea? Sobre todo a la hora de las comparaciones con Mikael Åkerfeldt, cuya calidad vocal es amada por muchos.

Grand Morbid Funeral es un álbum despiadado con toda la maestría habitual de los Bloodbath y su forma tan insigne de crear canciones con un sonido desmesuradamente perturbador como pasa en la inicial ‘Let the Stillborn Come to Me’, cuyo asalto inmediato de las guitarras, el bajo y la batería compaginan con el nuevo encargado de escupir blasfemias y letras sangrientas. Si bien Nick Holmes no es precisamente bestial como Åkerfeldt y Tägtren, sí logra unos buenos guturales secos que en ocasiones alcanza tonos muy desgarradores, mucho más que en los primeros 2 discos de Paradise Lost. La propuesta de Holmes va por un camino más crudo y a la vez claro en comparación con sus predecesores en Bloodbath.

La música no se ha adecuado a la voz de su nuevo vocalista ni ha disminuido su brutalidad, ‘Total Death Exhumed’ y ‘Anne’ son absolutas joyas de salvajismo Death metalero. Martin Axenrot es una máquina de blast-beats y es un gusto poder seguir escuchando ese lado atroz en esta banda, ya que en Opeth ha tenido que adecuarse al rock progresivo que actualmente tocan.

Los guitarristas Anders Nyström y Per Eriksson están continuamente diversificando los riffs y las melodías en cada una de las canciones para hacerlas demenciales y sin un segundo de respiro, mientras Jonas Renkse ataca con líneas cruentas de bajo, a veces haciéndonos olvidar que es el mismo cantante de Katatonia, con un espectro abismalmente distinto al de Bloodbath.

Quien haya escuchado los adelantos del disco, ‘Church of Vastitas’, ‘Unite in Pain’ y sobre todo ‘Famine of God’s Word’, pueden darse una idea íntegra de lo que presenta Grand Morbid Funeral, pues el resto de canciones exhiben más o menos lo mismo, un aspecto favorable en el mundo violento de Bloodbath. Y es justamente el tema que da nombre al disco el que en principio y final posee un sutil guiño a Paradise Lost y las voces fantasmales que estos usan en canciones como ‘The Enemy’, ‘As Horizons End’ o ‘The Rise of Denial’.
 
El álbum es putrefacto, con las melodías enfermas a las que nos tienen acostumbrados los Bloodbath, distorsión infecta y sangre por doquier. Nick Holmes cumple con creces, no es tan siniestro y brutal, pero logra un buen trabajo que de mantenerse, forjará una nueva marca en su carrera y podría ser tan reconocido como lo es en Paradise Lost.