Biohazard es una leyenda, de eso no hay la menor duda. Sin embargo, desde el momento en que entré al Libelula Sound Station, en verdad me pareció que el evento no estaría a la altura de tan mítica banda y tristemente, no me equivoqué.

Yo entiendo que no todo es el Plaza Condesa o el José Cuervo Salón, pero para posicionarse como un lugar para albergar a una banda como Biohazard, hay que darle una buena manita de gato al inmueble y que de verdad parezca un sitio profesional para eventos, y no el garage o bodega donde se ensaya de manera amateur. Lo de la primera impresión del venue pudo haber sido un trago amargo si, pero pasable. ¿Lo malo?. No seria ni por mucho lo más destacable – en el sentido negativo – del concierto.

El show empezó con la actuación de lo más selecto del hardcore nacional. Con un Dirty Woman que (nada contra ellos) nunca me ha agradado del todo y he visto tanto que mejor me quede afuera, un Double D que fue calentando mejor los motores y que de hecho dejo todo para que los chicos de Ultima Victima demostraran que en verdad son una de las bandas con mejor sonido en la escena y cerrando con un Life is a Risk que directamente desde Monterrey puso el ambiente hardcore al tope.

El sonido hasta este momento sin ser impecable era bastante aceptable para los asistentes – increíblemente muy pocos, aunque siendo sinceros le falto demasiada difusión al evento –  y todo estaba listo para ahora si, arrancar con todas y cada una de las fases de la alerta biológica.

LA EXPOSICIÓN

Y poco a poco cada uno de los miembros de Biohazard va llegando al escenar ¡a checar su propio instrumento!. A pesar de lo poco profesional que se ve esto [uno esperaría y mas con el retraso de la apertura de puertas que el soundcheck estuviera hecho y listo], la gente disfruta mucho ver a tan enormes leyendas en el escenario darse tiempo de saludar y estrechar la mano de los hardcoreros fans entre afinada y afinada. Danny Schuler y su rictus duro y maloso aporrea por última vez la batería, y entonces todos listos comienzan la descarga de poder que los ha hecho una leyenda de más de 3 décadas de existencia.

EL PRIMER CONTAGIO

Shades of Gray’ es el tema elegido por los oriundos de Brooklyn para abrir la noche, y de inmediato el estruendo se hace sentir. ¿El problema? esta vez no uso el término “estruendo” como una metáfora, sino como en verdad un volumen demasiado alto y viciado, que ensordece y no deja disfrutar los acordes que no obstante, de inmediato la gente baila y brinca feliz por tener a la leyenda frente a ellos. Biohazard por supuesto no son unos jovencitos, pero traen una entrega y una vibra que cualquier bandita veinteañera envidiaría. Billy Graziadei y su rubia cabellera son el centro de atención, y compensa con su entrega y entusiasmo el pésimo sonido que tristemente reinaría toda la noche.

LA INCUBACIÓN

What makes Us Tick’ y el grito de dicha estrofa que preceden a esta canción por fin termina de despertar al público, y ahora si el saltadero y la muy particular manera de bailar (pelear con el aire) de los hardcoreros es exagerado y brutal. Todo el ambiente del hardcore newyorkino se esparce en el Libélula, y no hay disciplina que pueda contenerlo excepto claro, aquella aprendida en la gran urbe: ‘Urban Discipline’ suena con ese bajeo inconfundible cortesía de Scott Roberts y su genial instrumento con el logo de la banda. ‘Wrong Side of the Track’ mantiene el poderío del evento a los más altos decibeles y con el frenesí de los ritmos pesados a tope.

LA INFECCIÓN MASIVA

Con ‘Down for Life’ el hardcore toma limites de locura, y muchos asistentes comienzan a subirse escalando al escenario para brincar al lado de sus ídolos y lanzarse al público posteriormente. La seguridad del sitio de manera responsable intenta detenerlo, pero Graziadei pide que dejen a la gente disfrutar el espectáculo de esta manera, ¡detallazo sin duda viniendo de un grande!. ‘Survival for the Fittest’ suena, y luego deja su lugar para un momento épico para la vieja escuela con ‘Tales for the Hardside’ y bajando un poco el ritmo con la densa ‘Victory’.

LA ECLOSIÓN Y ENFERMEDAD

Y entonces comienzan los problemas. Si el hecho del sonido escandaloso e incomodo no fuera suficiente, el micrófono de Graziadei falla y enmudece de manera total a la mitad de ‘Black, and White, and Red’ , que de manera metafórica podría describir los colores de los que se ponía el rostro del vocalista de coraje cuando nadie podía arreglarlo, y que cuando por fin lo cambian por otro …¡tampoco funciona!. Un error garrafal digno de tocada amateur que en ‘Five Blocks to the Subway’ tampoco pudo ser resuelto, y no fue sino hasta ‘Retribution’ que el desperfecto por fin fue arreglado. “Disculpen este imprevisto, creo que nos compraron micrófonos hechos en china o algo asi, esto apesta pero sigamos disfrutando del show” pide el veterano cantante, y por fin con una voz que retumba en el foro entero retumba la pesadez de ‘Howard Beach’ seguida de ‘Love Denied’y su entrada melódica que da paso a una de las mejores canciones de Biohazard.

LA CONSUMACIÓN DE LA EPIDEMIA.

¡Qué mejor manera para empezar a cerrar la noche que coverear un clásico del punk en voz e instrumentos de la agrupación!. ‘We´re Only Gonna Die’ original de Bad Religion es a mi parecer, el momento cumbre de la noche, y el momento en que dicho sea de paso mejor suena el audio en el evento. Todos brincan, corren y saltan eufóricos y vueltos locos, y es solo el inicio de la hecatombe final, pues la clásica y muy esperada ‘Punishment’ hace su aparición para deleite de la vieja guardia. Una chica es subida al escenario y baila frenética como si se convulsionaria por el efecto de algún agente biológico malicioso antes de lanzarse al publico de nuevo; y el último suspiro aparece con ‘Hold My Own’ que toda la escena hardcore presente entiende como su última oportunidad de disfrutar con Biohazard y la vive al máximo desprendiendo los últimos suspiros antes de caer en latencia.

LA MUERTE

El evento ha llegado a su fin, y todo mundo empieza a salir. Scott Roberts de inmediato baja a firmar boletos y tomarse fotos con los asistentes, y todo mundo busca un taxi amarillo antes de recordar que la atmosfera neoyorkina solo permanece al interior del recinto. Un show memorable solo por la actitud y presencia de una leyenda pionera de la fusión de ritmos y de sentar bases en la historia del hardcore, pero que también será recordada por el pésimo sonido, elección de foro y desaciertos en la organización; indignos de una leyenda como ésta.