La década de los 70, años de segregación social, liberalismo, fortalecimiento ideológico y símbolo de la identidad del, para entonces ya viejo, siglo XIX. La década que precedió a los acontecimientos estudiantiles de 1968 y que se vio marcada por otros más como el mundial de futbol de México 1970, el surgimiento de movimientos feministas, apertura sexual, en fin… cambios políticos y sociales que repercutieron en todos los ámbitos del país. La música no era la excepción, el mundo musical comenzaba a pintarse de colores con la naciente corriente de la música disco; el rock mostraba una evolución que se enfocaba como símbolo de expresión centrándose en la concepción de la libertad y pensamiento.

La era del rock a nivel mundial veía en Led Zeppelin, Deep purple, Bob Dylan, The Doors, Chicago, John Lennon y David Bowie a los exponentes que marcaban la pauta y que brillaban con luz propia, mientras que en México figuraban grupos como los Teen Tops, Los Locos del Ritmo, Alberto Vázquez o Los rebeldes del rock, en una fiebre de rock and roll con mucho ritmo; sin embargo, por otro lado el rock comenzaba a tomar fuerza con Javier Bátiz, Peace of mind o Three souls in my mind en una faceta mucho más contestataria.

El cambio generacional llevaba a la juventud a liberarse mediante la necesidad de expresarse, y hacerse presente en su papel imponiendo su ideología; no había otra salida que el rock. La reciente violencia mostrada hacia los estudiantes por parte del gobierno sostenía un clima de incertidumbre en los distintos sectores del país, sobre todo con los llamados “hijos de la modernización” (los universitarios de la capital), es por eso que, cualquier aglomeración de jóvenes imprimía nerviosismo en las estructuras de gobierno.

“Avandaro: Rock y Ruedas”, fue anunciado y se programó para llevarse a cabo el sábado 11 y domingo 12 de septiembre de 1971, cerca del pueblo de Valle de Bravo, Estado de México; 25 pesos costaba el boleto. Un evento que se tenía pensado para realizar distintas actividades como carreras de autos, amenizado por un par de bandas mismas que después se multiplicaron. Llegó el día del evento sorprendiendo a propios y extraños la convocatoria, el número de personas asistentes era subversivo pues se terminaron reuniendo aproximadamente 250 mil personas. Las bandas y su distorsión se apoderaron de los escenarios y el olor a petate quemado se comenzó a propagar cual incendio forestal.

Bajo el lema de “amor y paz”, la multitud [que superó los 200,000 asistentes] se inclinaba levemente sobre sus rodillas para mover sus cuerpos al ritmo de rock cuando de repente, se pidió un minuto de silencio, todos pensaron que se trataba de un homenaje a los caídos del movimiento estudiantil del 68’ pero, después alguien dijo: “un minuto de silencio para Jim Morrison, Janis Joplin y Jimmy Hendrix”“Los que se fueron”; menudo homenaje.

 

 

No cabe duda que la supraconciencia y el sentido de liberación a su máxima expresión. Largas cabelleras, hombres con el torso descubierto con hambre de paz y mujeres como la famosa “encuerada de Avándaro” que se despojaron de sus prendas con gran furor. Peace and love posiblemente la banda que más causó sensación entre los asistentes. Saltos, gritos, cánticos y bailes inagotables, así se vivió la rebelión del rock.

Se presentaron bandas como: Tequila, Tinta blanca, La division del norte, El ritual, Los dug dug’s, además de los ya mencionados Peace of Mind y la banda que en un futuro sería conocida simplemente como El Tri. Puro rock mexicano reunido en un solo lugar.

Al término del evento había gente caminando entre las carreteras, pidiendo “raid”, cooperándose para la gasolina o subiéndose clandestinamente a las redilas de algunas camionetas. La euforia se apagaba, Avándaro se acabó y con ello se fue uno de los eventos masivos más grandes y controvertidos que quedará solamente en la memoria de quienes estuvieron ahí.

La opinión pública tomó las cosas de forma conservadora. Se habló de los excesos de manera amarillista, se satanizó la música, se tachó a los jóvenes asistentes de rebeldes e inmorales. No había cabida para la objetividad y dejar a un lado el lado palurdo de la moral de ese momento.

La historia de los eventos masivos en México tiene sus inicios en aquel festival que tuvo de todo menos carreras de autos, pero que representó una gran manifestación cultural y social que marcó a toda una generación de una década en la que, Avándaro, llenó de gloria al rock mexicano.