Una hora como las 4:45 de la madrugada implica una carga anímica que puede dividirse en 2 alternativas: por un lado, la persona exhausta de una noche de farra, nostalgia o incluso de trabajo, dispuesto apenas a entrar en el sueño; en el otro margen, la persona que se levanta para vivir un día más, en la rutina o en la novedad. Como sea, ambos tienen que pasar por aquel tiempo entre el sopor y el despertar.

Los conceptos anteriores se adecúan para tratar a un álbum como 4:45 AM de la banda chilena Aisles, formada por Sebastián Vergara en la voz, los guitarristas Rodrigo Sepúlveda y Germán Vergara, Juan Pablo Gaete en el teclado, Felipe Candia tras la batería y el bajista Daniel Baird-Kerr, un grupo de músicos asentados en el rock progresivo desde la perspectiva de bandas como Yes o King Crimson, género al que añaden elementos de música latina para darle particularidad al proyecto.

Estableciendo que esta es una banda de rock con influencias clásicas se sobreentiende que su música va dirigida al público que gusta de esa corriente; si para ti el progre es igual a –y sólo a- Meshuggah, Tesseract, Tool, el viejo Opeth, la tirada de Aisles complicadamente te será atractiva.

Cada canción tiene su ánima, la de ‘4:45 AM’ es de las más repletas con la influencia de Yes y de una banda poco conocida pero activa desde 1980, IQ (quienes sí han llegado a practicar un rock más duro). Las melodías de guitarras van soltando cambios con carácter fuerte sin pasar la frontera hacia lo estridente, melodías que hacen un tema optimista y el más accesible.

La segunda en sonar es plenamente instrumental (salvo por una breve introducción hablada), ‘Gallarda Yarura’ es un choque entre el sopor y el despertar que refería anteriormente, y es el teclado el que da el toque sobrio mientras las guitarras hacen la labor retórica. Ese mismo teclado se torna cálido para ‘Shallow and Daft’ y parecería poco creíble pero además tiene un dejo de Synthpop ochentero, un elemento singular en el álbum.

El trabajo de guitarras más “pesadas” y “sube y baja” lo tiene ‘Back My Strenght’, en donde la voz se enfatiza con diferentes emociones, haciendo así un tema muy anímico. La acústica domina a ‘The Sacrifice’, por mucho la mejor canción del álbum por su espectro melancólico e íntimo, uno podría pensar que fue compuesta en un momento de gran susceptibilidad en la banda y entonces el escucha se envuelve en esa misma susceptibilidad.

El nombre de la siguiente canción es muy específico puesto que es una especie de pausa donde únicamente se escuchan sonidos de olas y el mar, ‘The Ship’, para posteriormente desembarcar en un ambientalismo de bosque inofensivo llamado ‘Intermission’.

La mayor carga latina la posee ‘Sorrow’ donde la también chilena Constanza Maulén participa con su voz, logrando otro tema muy relevante con guitarras acústicas, culpables de ese sabor latino. El último corte instrumental se titula ‘Hero’, que cuenta con más duración para crear pasajes de mayor volumen sonoro y oscuros.

Con ‘Melancholia’, Aisles termina por colocarse como una banda que quizá –o definitivamente- no sea digerible para el escucha promedio del rock, mientras que para los metidos en el progresivo sea más fácil asimilar su música pero no garantiza que se convierta en una de sus bandas favoritas. Es un álbum que requiere de tiempo y temple para entender por dónde va, a un lugar en el que tal vez no todos nos sintamos pertenecientes pero en el que no hay duda de la calidad.