La peste negra de 1349 viene a cobrar más víctimas y quizá a reivindicar el camino después de algunas experimentaciones que no lograron mantener fuerte la flama de la blasfemia, amenazando con extinguirse. El título del álbum parece indicar que nos enfrentaremos a una vorágine extensa.

Tan pronto como se abren las puertas del infierno se escuchan lamentos y voces atormentadas que no hacen más que guiarnos a ‘Cauldron’, donde no hay compasión por nada y una batería en cólera taladra los oídos, en complicidad con los demás instrumentos que reproducen la rabia de esta canción enfermiza. Ravn, Frost, Archaon y Seidemann nos entregan aquí puro black metal sin más pretensiones.

1349 bebe también de la sangre thrash y la procesa para derramarla en ‘Slaves’, un corte que de no ser por la voz de Ravn bien podría pasar como propia de Vader o Dark Angel. Y es con ‘Exorcism’ que se mezclan los sonidos de las 2 anteriores y nos escupen una “sinfonía” en la que en instantes subyuga el black y en otros el thrash; en cierto momento emerge un bramido que se transforma en un buen solo de guitarra.

‘Postmortem’ goza de los riffs más dinámicos del álbum, como si Anthrax le metiera perversidad a sus canciones del Amon the Living. Otra con espectro thrashero.

Una canción que lleva el nombre de un personaje involucrado en la selección de gente destinada a ser ejecutada y ser objeto de experimentaciones inhumanas en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial, tendría que reflejar crueldad y ruindad. ‘Mengele’s’ posee 6 minutos suficientes para implicar lentitud putrefacta en contraste con la atrocidad de la batería, pero la guitarra no soporta mucho y se une a la barbarie con ráfagas sanguinarias. El coro es siniestro. Hay un cambio de tempo a la melodic death y finaliza con la perturbación de escuchar una condena en proceso.

‘Golem’ figura un directo golpe blacker con la duración de una rola de Municipal Waste. Hay tiempo para mostrar también la influencia de los que gestaron al hijo bastardo del rock, y en esta ocasión es Motörhead la banda que pesa en ‘Chained’, la música en este track posee la ánima de Lemmy Kilmister, Phil Campbell y Mikkey Dee.

El Black Metal directo que inició el álbum lo termina igualmente con ‘Godslayer’. Massive Cauldron of Chaos gustará a los seguidores del “metal negro” que no buscan grandes intenciones, sino sólo dureza y aniquilación de los oídos; aunque con episodios un poco más allá de lo blacker, no es el disco al que se vuelva muchas veces.